Adiós al chico triste y solitario

  • El guitarrista y cantante Antonio Vega, ex componente de Nacha Pop y autor de canciones como 'Chica de ayer', 'Una décima de segundo' y 'Lucha de gigantes', fallece en Madrid a los 51 años de edad

Antonio Vega, ex componente del grupo Nacha Pop y autor también de media docena de discos en solitario, falleció ayer en el Hospital Puerta de Hierro de Majadahonda, en Madrid, a los 51 años de edad. Ingresado desde finales de abril a consecuencia de una neumonía, al cantante, guitarrista y compositor le fue detectado además un cáncer de pulmón.

Con su muerte desaparece uno de los más notables músicos de aquella generación que, durante la década de los 80, protagonizó una época dorada del pop español, quizás la última hasta la fecha en la que un concepto tan abstracto como el de calidad -abstracto, pero al fin y al cabo reconocible- no estuvo reñido con el éxito comercial masivo.

Nacido en Madrid el 16 de diciembre de 1957, Antonio Vega Tallés formó Nacha Pop en 1978 junto a su primo, el también guitarrista Nacho García Vega, el bajista Carlos Brooking y el baterista Ñete. Procedentes de un grupo anterior sin mayor repercusión, Uhu-Helicopter, tardaron dos años en grabar su primer álbum, el homónimo Nacha Pop, producido por alguien que luego alcanzaría notoriedad por motivos extramusicales: Teddy Bautista, actual presidente del consejo de administración de la SGAE.

Editado en el sitio justo y el momento oportuno, el efervescente año cero de la movida, aquel disco no sólo trasladaba al ámbito español las coordenadas sonoras de la new wave británica y norteamericana, sino que también revelaba la capacidad de ambos primos para componer vigorosas piezas de vibrante rock contemporáneo -Nadie puede parar, Antes de que salga el sol, Miedo al terror...- y la particular puntería de Antonio en el manejo de la melancolía y la melodía -allí quedó fijada la celebérrima Chica de ayer-.

En los mismos parámetros nuevaoleros se moverían los dos siguientes trabajos de la banda, Buena disposición (1982) y Más números otras letras (1983), este último con al menos otras tres canciones memorables: No puedo mirar, la vitaminada Enganchado a una señal de bus y Magia y precisión.

El mismo calificativo cabría aplicar a Una décima de segundo, incluida en 1984 en el miniálbum de igual título en dos versiones diferentes. La registrada sólo con piano quedaría como otra de las grandes, grandes muestras del lirismo extremo, de la capacidad de conmover que años más tarde haría famoso a Antonio Vega en solitario.

Aquel disco marcó también un punto de inflexión. Dibujos animados (1985) y El momento (1987), ya como trío tras la bronca salida de Ñete, no sólo revelaban algunas veladas referencias a lo que entonces ya era vox populi -la severa adicción a la heroína del músico ahora desaparecido-, sino también la deriva hacia un pop hambriento de éxito. Por fortuna, la ambición no evitó que al grupo aún le nacieran canciones tan imponentes como Lo que tú y yo sabemos, Relojes en la oscuridad, Cada uno su razón o la inolvidable Lucha de gigantes.

Con el doble directo Nacha Pop 80-88 (1988) el grupo se despidió de su audiencia. García Vega y Brooking montaron, sin demasiada fortuna, Rico; Antonio Vega, por su parte, comenzó una trayectoria con nombre propio que en 1991 lo llevó a poner en circulación No me iré mañana -que logró repercusión gracias a Se dejaba llevar por ti-, seguido en 1994 de Océano de sol, con mayor impacto aún gracias a El sitio de mi recreo.

Entre uno y otro álbum, compañeros y amigos del mundo de la música le rindieron homenaje con el irregular disco de versiones Ese chico triste y solitario (1993), grabado cuando la salud del músico ya era un motivo de preocupación para ellos y para miles de fans.

Pero Antonio Vega siguió en activo -registró Anatomía de una ola (1998), De un lugar perdido (2001) y 3000 noches con Marga (2005), dedicado a su novia fallecida- y aún hizo el esfuerzo, cuando su deterioro físico era algo más que patente, de volver a los escenarios junto a unos remozados Nacha Pop en 2007.

En ésas justo lo ha alcanzado la muerte: la enésima suspensión de un concierto -el pasado 30 de abril en Almería- lanzó una alerta todavía más seria de lo acostumbrado.

Esta vez, Antonio Vega no pudo superarlo. La sede de la SGAE en Madrid, el suntuoso Palacio de Longoria, alberga hoy su capilla ardiente. Su cadáver será incinerado mañana en el Cementerio de la Almudena. Y la música se tendrá que quedar entonces un poco más callada.

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