África en Manhattan

  • Vampire Weekend irrumpe en el mercado discográfico con un disco fresco y sorprendente y en onda con la new age

En estos tiempos urgentes en que gracias a internet lo último nos pilla a muchos con el pijama puesto y los grupos suben y bajan apenas han salido de su primer ensayo, los cazadores de tendencias ya venían avisando desde la red: antes de que publicaran su disco vaticinaban que éste sería su año. Y su debut desde luego es tan reconstituyente como la brisa que inunda una habitación de hotel tras una noche de desenfreno cuando se descorren las cortinas con decisión.

Canciones frescas como un actimel y adhesivas como el super-glue, que piden a voces volver a sonar en cuanto terminan. Échale un ojo a A-Punk, una delicia, un hit propio de la época despreocupada de la new wave. Ahí es precisamente donde encontramos casi todos su referentes.

En todas partes se menciona a los Talking Heads de David Byrne, que ya ha proclamado ser su fan, pero una actitud algo más lúdica y menos autoconsciente los emparenta directamente con The Feelies y aquel maravilloso Crazy rhythms con el que debutaron en el año 80. Utilizan las percusiones con tanto ingenio y el mismo desparpajo que ellos.

Otro ascendente hipermencionado es el Graceland de Paul Simon, más por falta de imaginación que por similitudes palpables. Aunque el elemento más distintivo a primera escucha es desde luego ese aire africanista que impregna todo el álbum, y que hace de su música una especie de afro-pop juguetón y animado.

No en vano ellos mismos se han presentado como Upper West Side Soweto (donde Soweto es la ciudad apéndice de Johannesburgo que albergaba a la población negra de Sudáfrica y el resto el nombre del barrio de Manhattan donde se ubica la Universidad de Columbia, de donde los muchachos de esta peculiar banda proceden).

Vampire Weekend lo componen cuatro veinteañeros neoyorkinos, aplicados personajes de campus universitaro, que parecen haber desembocado en la música africana después de una formación clásica, tras una vida impregnada en pop americano.

El plato lo aderezan con las letras inteligentes y de tono literario de Ezra Koenig. Con ese nombre estaba escrito que tenía que salir intelectual el chico. Y el milagro es que contra pronóstico su escucha resulta fácil y evocadora.

Sus melodías impulsivas y luminosas despojan de cualquier tipo de artificio las canciones, y el disco entero demuestra que uno puede exhibir su inteligencia sin parecer repelente ni despreciable. Un grupo más que prometedor que de momento ya nos ha dejado lo que será sin duda uno de los discos del año en las listas que aparezcan en diciembre. Delicioso. De verdad.

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