"Ahora las tintas cambian de color"

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En poco más de dos semanas la exposición Christian M. Walter. Dos décadas de Serigrafía, que acoge la CajaGranada de San Antón, ha recibido más de dos mil visitantes. La muestra reúne los trabajos gráficos de medio centenar de artistas y hace un recorrido por la trayectoria del taller de Christian M. Walter en los últimos veinte años. Natural de Alemania y afincado en Granada, Mathias Walter llegó en los años 80 para estudiar en la Escuela de Artes y Oficios y en la actualidad tiene su propio estudio serigráfico que este año ha cumplido su vigésimo aniversario y que celebra con esta exposición.

-¿Cómo fueron sus inicios en este arte?

-Comencé con grabados calcográficos en mi ciudad natal y luego en la Escuela de Artes y Oficios de Granada. Allí conocí a personas que estaban involucradas en el mundillo del arte. Coincidí con Francisco Morales de la Galería Laguada, un taller de serigrafía en el que quedaba vacante un puesto de impresor y trabajé para ellos. Poco tiempo después me decidí por abrir el taller.

-En 20 años, ¿qué evolución se ha visto en la serigrafía?

-Al principio había poca costumbre de obra gráfica en este país, ya fue a partir de los años noventa cuando se empezó a notar un incremento de galerías especializadas en arte gráfico. El mercado se ha expandido desde entonces, cuando yo me sumergí en este negocio no habían clientes en potencia. -¿Qué proyección tiene esta técnica artística en la actualidad?

-Hace cuatro o cinco años el sector se encontraba en su mejor momento. Actualmente se puede ver cierto interés por esta técnica, no sólo desde el punto de vista de los artistas sino de los consumidores que cada vez más recurren a la obra gráfica para hacer regalos corporativos e institucionales. A esto habría que añadir, si es cierto, que galerías especializadas en arte gráfico están desapareciendo, algunas han cerrado.

-¿Cómo funciona el taller?

-El artista viene al taller o se visita su estudio para hablar del proyecto y plantear la elaboración de las matrices y fotolitos para sacarlo a la pantalla. Esta sería la primera fase, en la que no hace falta su presencia, el siguiente paso a seguir sería hacer una prueba de color y luego se procede a la tirada de la obra. Tanto el artista como el editor se pueden poner en contacto con el taller para decir que está interesado en convertir su creación en una pieza gráfica.

-¿Las nuevas tecnologías han afectado el proceso de trabajo?

-Evoluciona lentamente. Hay laboratorios con cámaras y maquinaria sofisticada, pero tecnológicamente no ha variado mucho. Nosotros empezamos trabajando con una mesa manual y pasamos a una más sofisticada con cámara de vacío, ahora, hace cinco años que contamos con una máquina semiautomática que no es excesivamente tecnificada y se trabaja bastante artesanalmente. El uso de los ordenadores ha irrumpido con mucha fuerza, modifica la serigrafía industrial e influye en lo artístico también. La industria reacciona con nuevas propuestas: tintas que huelen, que cambian de color con la temperatura, que hacen relieve, etc. Tratando de inventar acabados nuevos e inéditos.

-Además de editor colabora con salas de exposiciones y otras actividades, ¿Qué proyectos tiene próximamente?

-Colaboramos con el Museo del Grabado de Arte Contemporáneo de Marbella, que ha convocado una Beca para Jóvenes Artistas Andaluces, que consiste en un apoyo económico para la edición de la obra gráfica. Elegirán entre tres talleres de Sevilla, Málaga y Granada para encargarse del proyecto.

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