"Ahora que soy viejo encuentro papeles más estimulantes"

  • Omar Sharif confiesa entre risas que eligió ser actor porque no le gusta trabajar

Tiene 77 años y un rostro surcado por arrugas que no descarta borrar próximamente para volver a gustarse en el espejo: "No me veo guapo desde hace tiempo. Ya no me siento un galán. Desde hace cinco años no tengo amigas para besar. Vivo solo en hoteles y como solo en restaurantes. Pero desde el año pasado tengo dos nuevas amigas de 35 años: una en Egipto y otra en París. Pero que nadie se confunda, que cuando voy a París la veo un par de veces y luego, a dormir cada uno a su casa, que cuando me levanto por las mañanas estoy siempre de muy mal humor y no me apetece ver a nadie". Con las ideas así de claras, los 77 años del actor egipcio Omar Sharif parecen pesarle, definitivamente, sólo a él. Desde su llegada a Granada anoche para recoger emocionado la Alhambra de Honor con el que el Festival Cines del Sur quiere reconocer su extensa trayectoria cinematográfica, los piropos al que fuera protagonista de Lawrence de Arabia y Doctor Zhivago no han parado ni un instante. "Es que las mujeres aquí tienen un gusto perfecto que no se encuentra en ningún otro lugar del mundo", bromeó.

Pero lo de cumplir años tampoco iba a tener sólo un lado malo. En este tiempo, Sharif reconoce que ha crecido mucho artísticamente. "Aprendí a actuar desde hace sólo 6 ó 7 años, antes no me gustaba lo que hacía. También pasa porque es más fácil hacer el viejo que el joven; una cara vieja tiene vida en ella, un joven está estirado, no tiene credibilidad en su cara, así que tiene que actuar mucho mejor. La verdad es que ahora encuentro papeles mucho más estimulantes", confesó.

Pero el rostro de Omar Sharif no es lo único que ha cambiado en este tiempo. En 1961, en pleno rodaje de Lawrence de Arabia -"sin duda la película en la que he trabajado y que más me gusta", destacó-, se dedicaban durante eternidades "a ir de derecha a izquierda y de izquierda a derecha montados sobre camellos". ¿El resultado? "Una película de cuatro horas llena de árabes y sin ninguna mujer. Incomprensible...". Pero, según Sharif, no es un caso aislado; es que el cine ha vivido en estos años casi una mutación: "Antes los protagonistas eran gente muy guapa, como Ava Gardner. Hoy son normales o casi feos, como Al Pacino o Dustin Hoffman. Además, antes los finales eran siempre felices y había historias sentimentales. Ahora los finales acaban con muertes y el amor es brutal, se han cambiado los violines por los tambores en las escenas de amor".

Ahora, que hace películas cuando puede y dedica su tiempo libre a visitar a sus tres nietos en lugar de jugar al bridge, Sharif sigue firme en su decisión de no ponerse detrás de las cámaras: "Elegí ser actor porque no me gusta trabajar, un director tiene que trabajar demasiado".

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