Aires frescos con esencia francesa

Programa: Maurice Ravel, suite de Ma mère l'oye; Darius Milhaud, Concierto d'hiver para trombón y orquesta; Francis Poulenc, Sinfonietta para orquesta. Solista y director: Ricardo Casero. Lugar: Auditorio Manuel de Falla. Fecha: Viernes 21 de septiembre. Aforo: Tres cuartos. Orquesta Ciudad de Granada: Concierto Inaugural

La Orquesta Ciudad de Granada inició el pasado viernes su temporada con el primero de los conciertos de la Serie B, antes llamados conciertos de otoño. Sea como fuere, este mini-ciclo de dos conciertos sugiere nuevos aires en la programación general, pues rescata el gusto por la música de esencia francesa que ya pudimos disfrutar hace casi una década, cuando Josep Pons era el director titular de nuestra orquesta.

Para inaugurar el ciclo se contó con el director y trombonista Ricardo Casero, un músico que conoce desde dentro el trabajo interpretativo y que aporta al atril de director no sólo una profunda formación, sino también la intuición que una intensa y dilatada carrera le proporciona. Así, la dirección de Ricardo Casero fue dinámica y clara, diseñando en cada obra un discurso perfectamente coherente con ricas pinceladas de color entresacadas de un repertorio que se presta a ello. El clima de trabajo con los músicos de la OCG fue magnífico en todo momento, lo que se tradujo en una reciprocidad continua y un sonido muy compacto.

El concierto se abrió con la suite de Ma mère l'oye de Maurice Ravel, una pieza basada en escenas de cuentos infantiles, que fue escrita originalmente para piano a cuatro manos y más tarde orquestada por el propio autor. La partitura, amable y sugerente a la vez, es un claro ejemplo de la perfecta técnica de orquestación de Ravel, sacando el máximo partido a la tímbrica para sugerir y describir lugares, caracteres y sensaciones. Así, el aire ensoñador e historicista de la pavana de la Bella Durmiente contrata con las sonoridades orientales de la Emperatriz de las Pagodas. La OCG estuvo atenta en todo momento a la efectiva dirección de Ricardo Casero, destacando los pasajes instrumentales que dedicó el compositor a las secciones de viento-madera, así como el buen trabajo de las cuerdas y de su concertino, Friedemann Breuninger.

Como obra central de la velada pudimos escuchar el poco habitual Concertino d'hiver de Darius Milhaud. Esta partitura, sin duda una de las más interesantes escritas para trombón solista, es un claro ejemplo de cómo los músicos franceses de la primera mitad del siglo XX mostraron predilección por encontrar nuevas sonoridades que incluir en su paleta de color. En este sentido, Milhaud muestra una particular tendencia a la investigación en diversas culturas y la incorporación de elementos propios de otras músicas, tales como el Jazz o el Folklore. Este concertino para trombón podría enmarcarse en este gusto por salirse de las formas tradicionales, o bien de renovarlas; a fin de cuentas, no deja de ser un concierto al uso, con tres movimientos de dinámica alternante. Sin embargo, la mera elección del instrumento solista, así como el uso expandido de la tonalidad, hacen de esta obra una partitura muy personal. Ricardo Casero ocupó el puesto de solista, desde el que dirigió a la orquesta. A través de los múltiples pasajes de considerable dificultada técnica demostró cómo es, en estos momentos, uno de los grandes intérpretes de trombón; supo extraer en todo momento la cualidad sonora propia para cada motivo, jugando con efectos y técnicas que en el siglo XX ya comenzaban a ser comunes, pero que supusieron una ruptura con la tradición romántica. El genial papel que hizo Casero en la parte solista estuvo igualado por el ajustado acompañamiento de la OCG.

Para cerrar el concierto se interpretó la Sinfonietta para orquesta de Francis Poulenc. Esta obra es, quizás, una de las más importantes del repertorio sinfónico del autor, y sin embargo todavía es poco conocida por el gran público. Es una lástima, pues supone un rico catálogo de técnicas orquestales, puestas al servicio de un melodismo atrayente y sugestivo que forman parte del estilo personal de Poulenc. Así, pudimos disfrutar de una magnífica versión a manos de Ricardo Casero y la OCG, en la que destacaron por su particular presencia la sección de los vientos-madera al completo, así como las trompas y los chelos. En definitiva, fue un grato reencuentro con nuestra orquesta, y con el sonido fresco y dinámico que siempre la ha caracterizado.

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