Andarusya y Granada en el corazón de Imai Tsubasa

Desde mi llegada a Tokio en septiembre de 2012, no había tenido la oportunidad de asistir a un concierto de música pop en Japón. Había oído hablar mucho de un joven bailarín y cantante llamado Imai Tsubasa que, en cada oportunidad que tenía, hablaba de su cariño hacia España, hacia la lengua española y hacia el baile flamenco. Teresa Iniesta, la gestora cultural del Instituto Cervantes de Tokio, me decía que a ella le recordaba en cierto sentido a David Bisbal y que soñaba en tener la oportunidad de juntarles a los dos para establecer un diálogo musical entre España y Japón, con motivo del Año Dual España-Japón, que inauguraremos en Tokio el próximo mes de octubre, pero que en España ya se inauguró por parte japonesa el pasado mes de junio.

Hace un par de semanas recibí una invitación del representante de Tsubasa para asistir a un concierto que tendría lugar el 5 de julio en el magnífico Teatro Aoyama, en el corazón del céntrico barrio tokiota de Omote Sando. Era la oportunidad que esperaba para ver un concierto de música pop japonesa a cargo de Imai Tsubasa, lo cual garantizaba también un gran espectáculo de baile. Una oportunidad única para ver desde dentro no solo el concierto, sino también el comportamiento de sus fans japonesas en un país donde las emociones no se expresan de la misma forma que las expresamos en España, ya que la gente las reprime mucho más.

En un principio y debido a los preparativos de mi viaje a España para asistir a la boda de mi hija y a la reunión anual de directores del Instituto Cervantes que este año tendrá lugar en Cáceres y Mérida, me hicieron pensar en declinar la invitación. Sin embargo, el perfil tan especial de este bailarín y cantante, a quien había conocido unas semanas antes en la Embajada de España en Tokio, y sus numerosas muestras de cariño y afecto hacia España, me hicieron cambiar de idea.

Un artista que había sido galardonado por la parte japonesa el pasado mes de junio y que lo será también por la parte española el próximo mes de septiembre, como amigo del Año Dual España Japón, tenía por fuerza que ser alguien muy interesante, mucho más sabiendo que, previamente, en junio de 2012 durante un acto entrañable celebrado en el Instituto Cervantes de Tokio, había sido nombrado Mensajero de la Cultura Española ante una enfervorecida audiencia que llenó el auditorio del mismo.

Además, Imai Tsubasa ha sido alumno de español en el Instituto Cervantes de Tokio y su nivel de español es aceptable, lo cual permite una comunicación fluida con él. Por tanto, con estas señas de identidad, no podía dejar de asistir a semejante espectáculo.

Llegué al Gran Teatro Aoyama e inmediatamente noté la agitación, el ruido, el bullicio, lo cual resultaba cuando menos peculiar en una ciudad tan silenciosa como es Tokio, originados fundamentalmente por un grupo de jovencitas que ya suspiraba por ver a su cantante favorito.

El teatro era espectacular, de estructura semicircular y para una audiencia superior a las 800 personas, que en solo unos minutos se llenó sin escuchar prácticamente ningún ruido. De pronto las luces se apagaron y comenzó un espectáculo de luces y sonido al estilo neoyorquino que comenzó a excitar a la jovencísima audiencia que abarrotaba el teatro. En esa atmósfera, de luces, láser y neones, se superpuso la imagen proyectada de Tsubasa, con su imagen real que al subir el telón provocó el delirio de sus fans, originando un ambiente mágico, embrujado, único, que me contagió y me hizo sentirme realmente privilegiado por haber asistido.

Tsubasa cantó y bailó acompañado por una veintena de bailarines, que saltaban del escenario y recorrían todo el teatro, bailando entre el público, saludando y dando la mano a una enfervorecida audiencia y provocando el delirio entre todos los asistentes. Yo no daba crédito a lo que estaba viendo y me sentía cada vez más satisfecho de estar presenciando el espectáculo.

El momento álgido llegó cuando apareció Tsubasa en el escenario completamente vestido de rojo y cantando una preciosa canción de nombre Andarusya (Andalucía) donde incluso daba algunos pasos de baile flamenco. La música me elevó el espíritu y de pronto comencé a sentir nostalgia de mi tierra, era increíble, incluso con mi básico nivel de japonés comprendí que estaba cantándole a Granada y se me saltaron las lágrimas. Su canción y su baile destilaba, amor, admiración y cariño hacia mi tierra y yo me sentí profundamente agradecido.

Así llegamos al intermedio y no acabaron las sorpresas. Yo había asistido al concierto con mi profesor de japonés, Yuzo Kyono, su esposa y su hija de 17 años, gran admiradora de Tsubasa. De pronto, se acercaron a mí dos personas de la organización para llevarme junto a Tsubasa, invitando también a mis acompañantes. Nos recibió Tsubasa en su camerino, agasajándonos con unos aperitivos, para agradecerme personalmente el que hubiera asistido a su espectáculo. Le dije que me había impresionado su cante a Andalucía y me transmitió su sorpresa de que hubiera entendido que en la canción mencionaba Granada, para él una de las ciudades más bonitas del mundo. En un tono afable, cercano, natural y sencillo departió con nosotros y firmó un autógrafo en una foto suya a la hija de mi profesor que casi se desvaneció de la impresión. Fueron unos minutos inolvidables.

Volvimos a nuestros asientos para la segunda parte del concierto, que fue tan atractiva y participativa como la primera parte, con los bailarines en medio del público animándole a formar parte del espectáculo e incluso, en una de las canciones, con Tsubasa también cantando y bailando entre el público, provocando el delirio de todos sus fans. El concierto terminó al estilo Broadway con algún número que me recordó escenas de la película Cabaret, interpretada por Liza Minelli

A mi lado estaba sentada la Sra. Miotani, invitada también por Tsubasa, directiva de la agencia de publicidad Shinto Tsuhin, una agencia que trabaja mucho con instituciones españolas. La Sra. Miotani me dijo que Tsubasa era uno de los grandes artistas de la prestigiosa Johnny & Associates Inc. y que la coreografía de este concierto de Imai Tsubasa titulado: Play zone 13, Song & Dancing Part III, era de Travis Payne coreógrafo americano, director, y productor entre otros de Michael Jackson: This is it el último vídeo del ya fallecido Rey del Pop, lo cual demuestra el gran potencial de Imai Tsubasa.

Salí del concierto con la moral subida y la alegría interior de ver el gran cariño y respeto que Imai Tsubasa profesa a mi país, a mi lengua y sobretodo a mi querida Granada.

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