Ángel Illarramendi estrena en Granada su 'Sinfonía número 4'

  • La 'première' tendrá lugar hoy en el Auditorio Manuel de Falla bajo la dirección de Inmaculada Ferro, que estará al frente de la Orquesta Sinfónica del Conservatorio Profesional Ángel Barrios de Granada

LaOrquesta Sinfónica del Conservatorio Profesional Ángel Barrios de Granada, bajo la dirección de Inmaculada Ferro, realizará hoy el estreno mundial de la Sinfonía número 4 'Ingenua' del compositor guipuzcoano Ángel Illarramendi, autor de algunas de las bandas sonoras más famosas del cine español. El estreno, al que acudirá el propio compositor, tendrá lugar a las 12.00 horas en el Auditorio Manuel de Falla. En la obra estará presente también la mezzosoprano Magdalena Llamas, que hará el papel de solista.

Ángel Illarramendi escribió la sinfonía en 1993, aunque no se ha estrenado hasta ahora. La obra consta de tres movimientos sobre textos de Juan Alberto Buenetxea y el propio compositor.

"Se llama Ingenua porque, según el diccionario de la Real Academia, significa valiente, libre", explica Illarramendi. "Cuando la compose me parecía que estábamos pasando por una época en la que la música se estaba intelectualizando demasiado, y quise escribir una sinfonía fresca".

"Ahora vivimos en un momento mucho más desprejuiciado, pero ha habido épocas en que la música estaba absolutamente intectualizada", añade. "La música tiene matemáticas, porque todas las cosas tienen matemáticas, pero las matemáticas no son música. La música debe tener un grado de comunicación con el alma humana".

La sinfonía de Illarramendi se mueve dentro de un contexto tonal, lejos de los alardes de los compositores que hace cincuenta años decidieron darle la espalda al público y se pusieron a escribir obras que sólo podían interesarle a otros compositores por sus alardes de complejidades técnicas.

"En una obra sinfónica debe haber una arquitectura", apunta el compositor. "Para que todos los instrumentos suenen en su plano debe haber una inteligencia, un dominio. Es como andar: cuando aprendes a andar lo que quieres es correr. Nadie alardea de lo bien que anda. Lo que de verdad debe lograr un compositor es un lenguaje propio que pueda transmitirse al oyente. Yo puedo crear una obra como yo quiera, pero si no logro comunicarme con otra persona ni comunicar lo que quiero expresar, es una obra fallida. Ahora sí se percibe de nuevo una tendencia a conectar con el público".

Ángel Illarramendi se queja de que "hubo un tiempo en que los compositores estaban muy preocupados con las vanguardias". "Ahora, pasados muchos años, esas obras han resultado fallidas. Por eso nunca me preocupé por el asunto de los vanguardistas. Lo curioso es que eran vanguardias bendecidas por la crítica y los conservatorios. La pena es que había compositores que eran buenos que tuvieron que seguir la tendencia. Yo creo que los verdaderos vanguardistas éramos los rebeldes. Lo que tienen de importante Mahler, Brahms o Schumann es que cada uno poseía su propio universo. Se les reconoce en seguida cuando suenan".

Siendo de 1993, la Sinfonía número 4 no se ha estrenado hasta ahora. ¿Por qué? "Cosas de la vida", responde el compositor. "Estaba muy ocupado escribiendo otras cosas, haciendo bandas sonoras, y además, no tenía editorial. Cuando me ofrecieron la posibilidad de estrenarla en Granada, y además, con una orquesta formada por jóvenes músicos de conservatorio, me encantó la idea. Por otra parte, en el momento de componerla, la música que yo hacía no interesaba. Siempre he defendido lo melódico, el hecho de que la música llegue al alma. Me parece estupendo que la obra se estrene ahora".

Illarramendi se define como "heredero de todo, de lo que me gusta y de lo que no me gusta. Soy heredero de Mozart, pero también de la música atonal, que me sirvió para saber qué es lo que no tenía que hacer, aunque esa música funciona muy bien para las bandas sonoras de películas".

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