Antonio Arias, un universo tachonado de voces y sueños

  • El músico granadino actúa esta noche en el Teatro Calderón de Motril para presentar su ambicioso proyecto de los 'Multiversos'

Ahora que Granada vive la euforia de la vuelta de su hijo pródigo, el grupo 091, el único de sus integrantes originales que no participa del proyecto, Antonio Arias, sigue a lo suyo, a la búsqueda incesante de la alquimia sonora, de la geometría musical de los Multiversos. Y sin él tampoco podría contarse la historia del surgimiento de lo que hoy conocemos como escena granadina. No debe ser esa de sentirse fuera, o de sentirse ajeno, una sensación nueva para él, que como el joven Dylan que tanto admiró, siempre ha evitado las justificaciones, y sin reproches ha mirado hacia adelante, ha seguido su instinto, y hecho su propio camino.

Un camino ambicioso como sus miras, hacia el infinito y más allá. Esta noche presenta en el Teatro Calderón de Motril, a las diez de la noche, sus Multiversos, el mega proyecto que comenzó a acometer en 2009. A estas alturas, con Multiverso y Multiverso II: De la Soleá de la Ciencia a la Física de la Inmortalidad ya presentados, el suyo se antoja más bien como un work-in-progress, pues algunos de los cortes de lo que será Multiverso III ya pueden obtenerse mediante la descarga digital (los otros dos trabajos han sido publicados en un soberbio pack en vinilo por el sello Wild Punk), y conociendo al personaje y su autoexigencia no se conformará con ofrecer solo una cara conocida, unos temas trillados.

Su 'astromúsica', como la define su mentor, el astrofísico J.A. Caballero, es un grito sideral que busca respuestas a las preguntas universales, creando una sensación mística con la que deslizarnos por el terciopelo del espacio sideral. Tras las huellas de la existencia y de la mano de poetas como David Jou y Natalia Carbajosa entre otros, la geometría musical de los Multiversos ahonda en los ritmos ancestrales de las músicas populares para expandirse hacia la vanguardia tonal de lo infinito. Su música se transforma en un telescopio sonoro que reivindica un cielo más limpio en un mundo más claro, lejos de la contaminación ambiental y mental que nos aqueja, donde aún tienen cabida los observadores de estrellas. Una nave a bordo de la cual dejarnos envolver por la historia que nos lanza hacia el porvenir. Un viaje conceptual del que no es posible regresar siendo el mismo. Un firmamento musical tachonado de voces y de sueños. Puede parecer el canto de un loco pero es la voz del entusiasmo.

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