Antonio Rodríguez inmortaliza las cafeterías más emblemáticas de Granada

  • El autor dedica la exposición 'En el Café' a lugares tan conocidos de la ciudad como el Café Fútbol, Casa Colón o Las Titas, que aparecen reflejados como "un sucedáneo" de la casa de cada uno

Las cafeterías suponen un refugio para el hombre de la ciudad, mientras transcurre una larga jornada laboral en la que no podrá volver a su hogar, en muchos casos hasta por la noche. Estos lugares representan pequeños oasis donde evadirse en su rincón favorito, junto a una ventana o en la barra. Esos momentos son los que ha plasmado el pintor Antonio Rodríguez Barbero, en su exposición En el Café, que está abierta al público en la Galería de Arte Cidi Hiaya de Granada (calle Pavaneras 9), hasta el día 21 de enero. El Café Central, el Fútbol, Lisboa, Casa Colón, Isla o Las Titas sirven de escenario para los cuadros de esta muestra.

Según el autor, los cafés se convierten así en "un sucedáneo" de la casa de cada uno, "nos da calor y cobija unos momentos mientras calentamos el estómago con un descafeinado, nos evadimos por un instante y consultamos apresuradamente la prensa o nos enteramos de soslayo de los últimos acontecimientos de la vida del corazón mediante el magazin de la mañana que emite el televisor situado en la esquina del café, por encima de nuestras cabezas".

Su afición por pintar cafeterías, bares o locales de copas surge de la necesidad de expresar sus inquietudes en la vida, que giran en torno al ser humano y los espacios (habitualmente urbanos) que habita. Estos últimos (las cafeterías en este caso) "son lugares donde el hombre de ciudad puede encontrar un refugio por unos instantes o por unas horas"

El tema, por tanto, surge de la necesidad que él mismo experimenta, "como tantas otras personas que viven en la ciudad, de encontrar un refugio que hacer mío, un rincón donde encontrar sosiego, paz ... Ese sentimiento íntimo es lo que he pretendido transmitir con los cuadros de esta exposición. Si el espectador experimenta ese sentimiento me sentiré enormemente reconfortado porque es sencillamente lo que pretendía: convertir al público en observadores de los cuadros, pero además, conseguir la paradoja de hacerlos entrar en ellos, de que se sientan invitados a entrar y acomodarse en una silla junto a un velador mientras toman una infusión y se abandonan a sus pensamientos".

Así, su obra la pueblan personajes reales, personas que fueron sorprendidas por el ojo del artista y que (casi siempre) sin saberlo van a formar parte de un cuadro. Para preparar sus pinturas, Antonio Rodríguez Barbero procura acomodarse en un rincón del local para pasar lo más desapercibido posible y permanece inmóvil, de manera que pueda observar durante largo rato el devenir del establecimiento ... "Los clientes se suceden; asisto de manera discreta a conversaciones de enamorados o al café que toman los ejecutivos, a escolares que han quedado a media tarde para preparar un trabajo de clase; a turistas que consultan su guía de Granada mientras hacen una parada para almorzar".

Siempre son personajes reales porque el autor afirma servirse "de la realidad, de lo visual, para arrancar el proceso de creación".

En la tecnología ha encontrado un fiel aliado: "Con el oportuno empleo del teléfono móvil, provisto de una buena cámara fotográfica, obtengo un reportaje que después, en el sosiego del estudio, transformaré en la obra". Todo lo hace de manera discreta, rápida. Se autocalifica como un "espectador furtivo" de lo que allí acontece, que acude a un escenario estudiado previamente: "voy en los momentos apropiados cuando ya he explorado la luz y el ritmo del lugar, no quiero llamar la atención, ni tan siquiera de los camareros. Cuando creo disponer de suficiente material, abono la cuenta y me marcho".

A menudo le interesa un personaje más que el escenario: "Es habitual que los reubique en otro encuadre o bien recomponga el espacio o resitúe las mesas, por ejemplo, para lograr una obra estéticamente atrayente, que invite al espectador a formar parte de ella, que le sugiera momentos y le motive a repetirlos".

Algunos de sus personajes se han visto reflejados, de ahí parte del éxito que está teniendo su exposición. "El público asistente a la sala se ha identificado con un personaje, como el chico de chanclas y gafas de sol encajadas en la cabeza que toma el café apresuradamente en la Cafetería Lisboa; es curioso, pero muchas personas se han visto reflejados en la estética y en la actitud de este personaje y (probablemente) eso sea lo que haya propiciado que la obra se vendiera inmediatamente e, incluso, hubiera varias personas interesadas en la misma".

En el proceso creativo también se han sucedido las anécdotas, como cuando un personaje se ha reconocido en el cuadro, sin haber sido consciente de que había sido pintado. Fue el caso de un chico llamado Marcos que desayuna en la terraza de Las Titas todas las mañanas y que en la obra aparece en actitud muy relajada mientras lee el periódico. "Encontré meses después de haber terminado el cuadro a esta persona tomando café en el mismo local, pero esta vez no en la terraza, sino dentro del local, lo abordé y le dije que me había servido de modelo sin él saberlo y, una vez superada la sorpresa inicial, me sirvió de modelo para la segunda obra de Las Titas: el carboncillo con la gran lámpara estilo imperio, pero esta vez posando gustosamente". Y es que Rodríguez cree que "el arte también es un buen vehículo para hacer amistades".

La exposición En el Café, de Antonio Rodríguez Barbero, estará abierta al público en la Galería de Arte Cidi Hiaya de Granada hasta el día 21 de enero en horario de lunes a viernes de 11:30 a 13:30 y de 18:00 a 20:30 y los sábados de 11:30 a 13:30.

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