el arte de la viñeta

Apocalípticos e integrados

  • Una de las franquicias más rentables de Marvel, los X-Men, que actualmente tienen una película en cartel, no siempre tuvo el viento a favor. Ésta es su peculiar y mutante historia

Respecto a otras series del sello Marvel -inspiradas por la fantasía heroica, la leyenda e incluso la fábula-, la dedicada a los X-Men se cimienta en postulados de la ciencia-ficción: la especulación narrativa a partir de una tenue premisa científica. Imaginemos una realidad alternativa en donde algunas personas anduvieran un paso por delante en el camino de la evolución y nacieran con ciertas alteraciones en el diseño genético, abriendo así un amplio abanico de variaciones que ponen a prueba la imaginación de guionistas y dibujantes: mujeres pájaro y hombres pez, criaturas de agua y aire, seres de tierra y fuego, hombres de luz y sombra, mujeres de oro y de plata, individuos de hierro y de acero... Este es el mundo de los X-Men. Que no serían superhéroes al uso, no criaturas ungidas con atributos sobrehumanos, sino mutantes, personas con una naturaleza distinta desde la cuna. Y de hecho, la reflexión sobre la diferencia será una constante en estas historietas.

La confianza de Marvel en el producto era tanta que, desde el principio, tuvo una cabecera propia. En el número 1 de The Uncanny X-Men, que apareció en septiembre de 1963, Stan Lee y Jack Kirby nos presentan al profesor Xavier, mutante también él, impulsor de una academia privada en Westchester, no muy lejos de Nueva York, en donde acoge y adiestra a jóvenes mutantes para convertirlos en custodios y paladines de esa sociedad "normal" que los observa con recelo; sus enemigos serán esos otros mutantes, apocalípticos pero no integrados, empeñados en hacer borrón y cuenta nueva con la especie humana. La formación original la integraba un sencillo quinteto: Cíclope, Ángel, el Hombre de Hielo, la Bestia y, cubriendo la cuota femenina, la Chica Maravillosa, que eran, respectivamente, un tipo de mirada incendiaria, otro con alas en la espalda, un tercero capaz de trasformarse en un iceberg antropomorfo, un cuarto con algo simiesco y una chica que movía objetos con el pensamiento.

La idea daba juego pero, sorprendentemente, la cosa no acabó de cuajar. Las ventas, insuficientes, dictaminaron la clausura de la revista en 1970, en el número 67. El fiasco quizás se debiera a la saturación del mercado o, tal vez, a la dificultosa identificación entre el lector y el grupo de marras. Y es que el corrillo inicial fue sumando y restando miembros hasta convertir el árbol genealógico de los X-Men en una foresta arborescente. Paradójicamente, esta coralidad terminó por ser el rasgo distintivo de la serie. Hay quien se ha molestado en contarlos y afirma que, entre fichajes y deserciones, superan el medio centenar los personajes que han estado en nómina del profesor Xavier. Si a esta turbamulta añadimos la Hermandad de Mutantes Diabólicos, capitaneada por el archienemigo de los X-Men, Magneto, tenemos casi dos centenares de actores en liza a los que el público debe seguir el rastro.

Marvel, que nunca perdió la fe, relanzó la serie en 1975 con una aventura ideada para renovar la plantilla: en Segunda génesis -escrita por Len Wein e ilustrada por David Cockrum-, el profesor Xavier recorre medio mundo reclutando nuevos miembros en una clara apuesta por lo multirracial e intercontinental: en Canadá encuentra a Lobezno (un personaje que había aparecido en una historieta del increíble Hulk), en Alemania a Rondador Nocturno, en Kenia a Tormenta, en Japón a Fuego Solar, en Siberia a Coloso, y algunos más, que renuevan el fondo de armario de Westchester. Por su cercanía a la ciencia ficción, algunas propuestas, como Días del futuro pasado (1981) -con guión de Chris Claremont y dibujos de John Byrne-, se atreven con tramas desquiciadas y sombrías a la manera de Philip K. Dick: en un futuro próximo, nos cuenta esta historieta, los mutantes serán perseguidos y, todos sin excepción, aniquilados. Otro hito fue la novela gráfica Dios ama, el hombre mata (1982) de Chris Claremont y Brent Anderson.

Las continuas entradas y salidas de personal tuvieron consecuencias. Salvo el profesor Xavier, nadie queda hoy de la formación original. El Cíclope delegó en Tormenta las funciones de capitán, aunque uno sospecha que su liderazgo quedó en entredicho con la llegada de Lobezno, un tipo con maneras de camionero y garras retráctiles, que acaparó inmediatamente la atención lectora. El éxito estimuló la creación de series centradas en la infancia, juventud y primeras experiencias de los protagonistas o aventuras sobre formaciones paralelas en otros ángulos del planeta. Dice el proverbio que el que la sigue la consigue. Los mutantes, mutatis mutandis, han acabado siendo una de las franquicias más rentables de Marvel.

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