Arte y vida en perfecta conjunción

  • Aixa Portero busca ese mágico testamento de vida que la naturaleza propone con la carisálida, pero también acude a la mitología para ahondar en una realidad mediatizada

Cuando conocí, por primera vez, la obra de Aixa Portero me llamó la atención y me entusiasmó, a pesar de su aplastante juventud, su madurez, su perfecta adecuación en fondo y forma, su vasta extensión plástica, estética y conceptual, así como su preclara determinación hacia una obra de generales postulados donde tuvieran cabida todos los planteamientos significativos y no, simplemente, aquellos que formulen una agradable manifestación artística y unos bellos encuadres visuales.

Con el tiempo, la artista ha ido acentuando el entusiasmo creativo, si bien atemperando impulsos innecesarios y situándose en un espacio artístico de absoluta solvencia donde el trabajo queda enmarcado en un estamento absolutamente meditado, conformado desde el conocimiento y puesto en escena desde una amplia y variada manifestación de desarrollos plásticos, visuales y teóricos, que inciden en el posicionamiento de una obra total a la que se llega desde ese gran dispendio de medios conformantes, que la artista pone al servicio de un proceso creativo exigente y de una mayor comprensión para el espectador que se siente suficientemente informado y nunca abandonado, como ocurre tantas otras veces, a las experiencias complejas del artista y alejado de sus intenciones significativas.

Aixa Portero pertenece a una generación de artistas muy bien preparados, que son artistas por convicción, que se apoyan en un creciente interés intelectual y que, además, saben cómo estas válidas proposiciones y acertadísimas circunstancias pueden ser llevadas a la práctica para que posibiliten su máximo argumento creativo. Esta muestra en la Sala Zaida de Caja Rural nos constata tales realidades. Aixa Portero es una artista culta que nos ofrece un arte culto, que no elitista, y lo hace sabiendo muy bien cómo hacerlo posible para que sus planteamientos no se queden en meras experimentaciones sin público.

La obra de Aixa Portero parte de una premisa medianamente clara y con un amplio sentido metafórico, ese mágico testamento de vida que la naturaleza nos propone cuando la crisálida se convierte en espacio generador de otra nueva vida; pero, también, la artista acude a la mitología para ahondar en una realidad mediatizada por el deseo de salir de situaciones difíciles. Como le ocurrió a Hipsípila, aquella mujer de Lemnos que, a pesar de la determinante situación que le rodeaba, cuando todas las mujeres decidieron matar a los hombres, ella tuvo el valor de salvar a su padre, de decantarse por una nueva circunstancia donde la fortaleza y la convicción jugara un papel dominante. La exposición lleva por título el Verso de Hipsípila, aludiendo al bellísimo poema de Rubén Darío y transportándose a aquel mito que cuenta cómo la princesa rompió las reglas, a pesar de todos los problemas, y salió a flote generando nuevas situaciones.

La muestra, como es habitual en el trabajo de esta artista, no se detiene en un único estamento creativo; plantea, de forma global, una realidad plástica muy diversa, donde los elementos, de muy dispar naturaleza compositiva, conforman un todo abierto a cualquier planteamientos estético. Pintura, escultura, dibujo, fotografía sobre papel japonés, libros, poemas de la propia Aixa Portero y de otros, tules de novia, hilos, alfileres, cerámica... una instalación completa, que no compleja, que atrapa la mirada y transforma el espíritu, posibilitando que la obra de arte sea un abierto compendio de situaciones donde vida y arte compongan un entusiasta organismo difícil de separar.

Aixa Portero lo tiene muy claro. El arte debe estar marcado por la propia esencia de un compromiso personal que busque nuevas realidades donde imponer, a su vez, nuevas identidades. Ella lo lleva haciendo muy acertadamente desde hace tiempo.

Aixa Portero Sala Zaida de Caja Rural Granada

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