¿Y tú de quién eres?

Un director francés rueda en Hollywood una nueva versión de una película de terror surcoreana sin que en ella se perciban huellas estadounidenses, francesas o surcoreanas. Esto debe ser la multiculturalidad, digo yo. Pero la Real Academia me desmiente porque dice que lo multicultural se caracteriza por la convivencia de diversas culturas; y en esta película no convive ninguna por el simple hecho de que ninguna imprime su presencia en estas imágenes entretenidas y adecuadamente sobresaltadotas, pero limpias de referencias culturales como una pistola de la que un asesino escrupuloso hubiera borrado toda huella digital. Ni los detectives más hábiles de la historia podrían deducir que su realizador es francés, que su fuente es surcoreana o que se ha realizado en un país con ocho décadas de tradición en cine de terror.

No es una novedad que directores europeos dirijan películas de terror para Hollywood, y en algunos casos logrando obras maestras: La mujer pantera (Tourneur), Frankenstein (Whale), La noche del cazador (Laughton) o Los pájaros (Hitchcock). Tampoco es una novedad que Hollywood haga suyos éxitos orientales: desde que Europa descubrió el cine japonés gracias a los éxitos de Kinugasa, Mizoguchi y Kurosawa, fue una fuente de inspiración estilística y temática que ofreció variaciones genéricas tan populares como la conversión de Los siete samuráis de Kurosawa en Los siete magnífico.

Lo que sí es nuevo es esta carencia de huellas que refleja una triste realidad: se llama multiculturalidad a lo que no es más que la disolución de las culturas en una insípida papilla global. Porque Tourneur, Whale, Laughton o Hitchcock hicieron más grande al cine norteamericano por imprimir una huella europea en un género tan característico de ese cine como el terror; mientras que no cabe duda de que Los siete magníficos de Sturges, pese a su inspiración japonesa, es un western puro o que El trono de sangre de Kurosawa, pese a estar inspirada en Shakespeare, es una película japonesa.

Reflejos, en cambio, ¿de dónde es? Pues de la iconosfera global. Es decir, de ningún lugar y de todos a la vez. Sin olvidar que "todos" alude a la gran superficie comercial global. Como los concursos televisivos. Como las teleseries. Como la publicidad. Reflejos es una película entretenida para ver y olvidar, o incluso para olvidar a medida que se va viendo, sin estilo definido, sin carné de identidad o pasaporte, apátrida de lenguaje cinematográfico, cosmopolita en la nueva versión global -insípida, incolora, inodora- que ahora tiene la palabra en lo que se refiere a lo producido por las industrias culturales.

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