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Bacanal de ritmos

marcus miller

XXVIII Festival de Jazz en la Costa. Afrodeezia Tour. Fecha: Jueves 23 de julio

Un Parque del Majuelo aún más abarrotado que el día anterior esperaba entusiasta y expectante la aparición del grupo de Marcus Miller, un septeto de virtuosos ataviados y disgustos más como un grupo de rock que como una formación de jazz clásico, y que haciendo honor a la actitud más informal de los primeros, se hizo de rogar accediendo al escenario con unos minutos de retraso. La espera mereció la pena. Una nutrida representación de los músicos de la provincia, especialmente de bajistas, se agolpaba al fondo del recinto, atraídos por la legendaria reputación de uno de los mejores instrumentistas del mundo, por el hombre que se hizo un hueco de honor en la historia del jazz como el último cómplice de Miles Davis y por la orgía de ritmos que desplegó para despedir la vigésimo octava edición de Jazz en la Costa.

Acabaría acomplejando a algunos de ellos y maravillando al resto de la concurrencia. Simpático y dicharachero comenzó con Hylife, el primer tema de su reciente álbum Afrodeezia (Blue Note, 2015) que sería la base de su actuación en Almuñécar, como parte de la gira de presentación del disco. En clave de jazz-funk contemporáneo el tema inundó de africanismo el auditorio, con su melodía de voz reflejo de la música popular de Ghana y el dulce sonido de las cuerdas de la guitarra eléctrica pellizcadas al estilo de la costa occidental de África. Una música sencilla que el grupo convirtió en exuberante con sus ornamentos. El sabor africano se hizo aún más patente con B's River, que Miller arrancó con un Gembri, una especie de ancestral bajo rudimentario norteafricano, entre las manos. Le duró poco. El sonido de bajo eléctrico pronto se haría de nuevo con las riendas del concierto, y no tenía que esforzarse demasiado el neoyorquino para impresionar al personal con su colorista y expresiva forma de extraerle sonidos.

Algo que enfatizó con Papa Was a Rolling Stone, el llenapistas que en 1972 llevó a The Temptations a los primeros puestos de las listas, en uno de los últimos éxitos del sello Motown. A ritmo de samba continuaron con We Were There, un tema que fue una celebración del maridaje entre la música brasileña y el jazz moderno con el que Miller pellizcó todo lo que quiso su Fender Bass para deleite de sus incondicionales. Antes de seguir con Gorée, un tema de resonancias senegalesas rescatado de Renaissance (Concord Jazz, 2012), la anterior entrega discográfica del de Brooklyn, explicó su labor para la Unesco como portavoz de La Ruta del Esclavo, un proyecto solidario con el trata de concienciar a la sociedad del problema del nuevo esclavismo. Volviendo a Afrodeezia afrontó la recta final de su actuación con Son of Macbeth, otro de los temas calientes del álbum, fusión de calipso antillano y el jazz eléctrico que el grupo escupió de manera torrencial durante todo el concierto, y que con este tema convirtió en una batucada sinfónica.

Y aún quedaba lo mejor, pues consciente de que su condición de leyenda está en deuda con el trabajo que hizo en los ochenta junto a Miles Davis, se dejó para el bis, solicitado con fruición, una versión de Tutu que permitió al septeto lucirse saltando de un tempo a otro, y que por momentos propició tocar puritito jazz de alto octanaje.

Sin solución de continuidad, la última media hora la emplearon en entregar una ardorosa lectura de Blast, otro original de Marcus Miller de su álbum Free (3 Deuces, 2007), y probablemente uno de sus temas más conocidos. Tras la bacanal de ritmo y con el auditorio rompiéndose las manos el grupo volvió a ocupar el escenario, ya acompañados del trío de Robert Glasper, el héroe del martes, y de The New Orleans 7, con Irvin Mayfield y Dee Dee Bridgewater a la cabeza, que habían hecho lo propia la noche anterior. Todos aún en Almuñécar, llenaron de orgullo y satisfacción a los organizadores, felices de asistir a la comunión del público con unos artistas que reconocían de este modo el trato recibido y apoyaban un festival necesitado de gestos como estos para su propia autoestima y un sustento presupuestario que, ahora que se pregona la recuperación, debería comenzar de nuevo a coger músculo.

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