artes escénicas

Bach 'baila' a ritmo de música jazz

  • Pablo Martín Caminero adapta al contrabajo dos 'Suites para violonchelo' del compositor alemán en una obra dirigida por el coreógrafo Antonio Ruz

  • El Alhambra acoge su estreno el fin de semana

'Double Bach' contará con la participación del músico Pablo Martín Caminero y la bailarina Melania Olcina. 'Double Bach' contará con la participación del músico Pablo Martín Caminero y la bailarina Melania Olcina.

'Double Bach' contará con la participación del músico Pablo Martín Caminero y la bailarina Melania Olcina. / g.h.

De formación clásica, el contrabajista Pablo Martín Caminero (Vitoria-Gasteiz, 1974) probó en su casa cómo sonaría la Suite Nº 1 para violonchelo de Bach si la interpretara con la técnica del pizzicato -en la que el músico pellizca las cuerdas y no utiliza arco-. Tantas veces la tocó que acabó por memorizarla, y poco después se puso manos a la obra con la segunda Suite del compositor alemán. Mientras tanto, el instrumentista vasco fantaseaba con que alguien tradujera sus notas a la danza. Y así fue. El artista Antonio Ruz aceptó dirigir y coreografiar la obra, que hoy llega al Teatro Alhambra bajo el nombre Double Bach.

"Tocar esta música es un ejercicio vital completo y desde el punto de vista del contrabajo un reto especial", reconoce el músico vasco, que opina que "es posible que cierta rigidez en la estructura de la enseñanza de la música clásica unido a la formalidad ritual de los conciertos de música clásica allá alejado a parte del público, sobre todo al más joven".

El prestigioso coreógrafo supo desde el primer momento que el proyecto iba a ser "muy especial". "Lo recibí como un regalo y una responsabilidad, precisamente por ser una música tan conocida y bailada. Me enamoré de la idea del pizzicato y me lancé a investigar en el estudio con Tamako Akiyama, la bailarina con la que se creó", cuenta entusiasmado el artista cordobés. Fue entonces cuando el experimentado bailarín se preguntó "lo que el movimiento podía añadir a esa música para tener otra percepción de ella".

Delicada, fuerte, jugetona, etérea y emocional, la coreografía, "que viaja entre la abstracción y la teatralidad, está ligada íntimamente a los colores y emociones de cada movimiento de las Suites", afirma Ruz, que define Double Bach como "una reinterpretación libre de esas danza barrocas con algo de reminiscencias palaciegas, y un encuentro/viaje entre el músico y la bailarina que ofrece espacio para la imaginación". Para crear la pieza coreográfica, el artista andaluz se sumergió en el universo blanco y casi metafísico que Pablo planteaba para, desde su visión, intentar crear un trabajo "sencillo y honesto". En la obra además la luz y el espacio también son parte de la coreografía.

Cuando se le pregunta a Ruz si hay fronteras que no se deben cruzar cuando se llevan a cabo este tipo de proyectos, responde que se siente "muy cómodo en lo híbrido", ya que forma parte de su discurso creativo. "El diálogo entre los dos no se debe intentar entender desde lo racional sino desde lo sensorial, desde la energía. El público es libre de hacer asociaciones, de imaginar, de viajar con ellos. Con respeto y coherencia todo proyecto es digno de ser mostrado. Las fronteras de estilos o disciplinas solo crean hermetismo e involución, quitan libertad creativa", afirma.

Los cuerpos de los protagonistas -Caminero y Melania Olcina, de la compañía de Ruz- en Double Bach están completamente "habitados, sus gestos son personales pero están pautados y muy trabajados. "Sus miradas de complicidad, su poción en escena crean magnetismo en el espectador y cuentan historias", subraya el coreógrafo, que piensa que la danza "es el arte menos apoyado, difundido y valorado con diferencia en España".

Gracias a Double Bach, admite Caminero, ha aprendido a concentrarse mejor, a salir airoso de problemas, a ganar confianza en sí mismo, a no darse por vencido, pero sobre todo a "ser feliz". Ruz, por su parte, dice que a "ser mejor persona". Bach baila a ritmo de música jazz, y lo hace a través de un diálogo abierto a todo tipo de públicos, libres de intepretar y de imaginar.

Coreógrafo y bailarín independiente, Antonio Ruz (Córdoba, 1976) es en la actualidad, y desde hace años, uno de los creadores más destacados de la danza en nuestro país. Su discurso, desarrollado al frente de su propia compañía fundada en 2009, o con interesantes colaboraciones para reputadas agrupaciones nacionales e internacionales, como la alemana Sasha Waltz & Guests, se sustenta en un acentuado interés por el carácter más abierto de la danza. Una apertura que es resultado, tanto de una amplia formación, como del desarrollo de su homilía creativa, enmarcada en la danza contemporánea, pero también en la danza española y el flamenco y en el encuentro de ambas. Entre sus últimos encargos figura la coreografía de Electra, la primera propuesta de obra argumental completa del Ballet Nacional de España bajo la dirección de Antonio Najarro, que cuenta con la colaboración de la bailarina y coreógrafa Olga Pericet. Durante su estancia en compañías de fuera, periodo que resultó muy enriquecedor en su trayectoria, se inició Ruz en el campo de la creación. Sus dos primeras obras, 1Calvario y Cebolla nf ognion n, se presentaron en las Noches de Jóvenes Coreógrafos del Ballet del Gran Teatro de Ginebra. En ese mismo periodo crea e interpreta junto a Bruno Cezario, Heidi, estrenada en Río de Janeiro (Brasil) y el solo Pilampo, estrenado e interpretado por Sora Lee en la Gala of the Stars Korea Dancers 05.

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