Baselitz: el hombre vulnerable

  • El Guggenheim de Bilbao dedica hasta el 22 de octubre una exposición a los 'Héroes' del pintor, una poderosa serie en la que el creador invocaba desde la audacia el pasado alemán

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Baselitz: el hombre vulnerable

Apenas tenía 27 años, pero en 1965 Georg Baselitz estaba enfermo de pasado, y en su juventud pesaba una incómoda herencia: debía enfrentarse a la culpa del país al que pertenecía. Mientras Alemania Occidental se reconstruía gracias al milagro económico, el artista -nacido en los preámbulos de la Segunda Guerra Mundial- volvía sus ojos a la cicatriz, a la herida. Frente a la esperanza de futuro, él hurgaba en una antigua y brutal desazón, no parecía dispuesto a la desmemoria. En un periodo de una actividad casi febril, quizás porque su autor exteriorizaba inquietudes enquistadas desde hacía tiempo, entre Florencia y Berlín, Baselitz dio forma a una serie de 60 cuadros que serían un hito no sólo en la producción del pintor, sino en la historia del arte alemán del siglo XX. Ahora, el Guggenheim de Bilbao recupera ese capítulo destacado de la obra de Baselitz en una muestra que puede visitarse hasta el 22 de octubre y que se complementa con piezas del ciclo Remix, en el que el artista reinterpreta, ya en la madurez, algunos trabajos de su trayectoria.

Mientras sus paisanos quieren cerrar página, Baselitz cuestiona en sus cuadros, a modo de catarsis, el concepto de heroísmo. Perfilar una galería de Los Héroes y Los Tipos Nuevos, 20 años después de la Segunda Guerra Mundial, incomoda. En su interés por el tabú, pero también en lo artístico, el creador se moverá contracorriente: lejos del realismo soviético en el que ha crecido, de la abstracción que entonces se impone, escoge la figuración para dar forma a sus ángeles derrotados. Pastores, partisanos, soldados, hombres ataviados con un viejo y desgastado uniforme y sin embargo todo carne: son sujetos contrahechos de manos grandes, de falos también voluminosos. Sus formas robustas, también los trazos firmes con que los dibuja su autor, son engañosos. Son héroes melancólicos, vulnerables, desarraigados. Espectrales porque son los fantasmas de un pasado que la sociedad ha preferido ignorar. El alma de un país, de un tiempo.

Son héroes vulnerables, espectrales, fantasmas de un pasado que la sociedad prefiere ignorar

"Lo que nunca he podido evitar es Alemania y ser alemán", proclama Baselitz, una cita que recupera la exposición. Otra confesión del pintor: "Nací entre un orden destruido, un paisaje destruido, una gente destruida, una sociedad destruida. Y no quise reestablecer el orden: había visto bastante del así llamado orden". Para el especialista Max Hollein, esa búsqueda de un nuevo concepto de héroe -un héroe que busca apoyo- no tiene precedentes en la pintura del siglo XX y se anticipa a ciertos tipos descritos "en las canciones de David Bowie y Lou Reed y en distopías de Hollywood como Blade Runner o La naranja mecánica".

En la serie, Baselitz también reflexiona sobre el arte y sobre su posición ante él: reinterpreta un clásico como Bonjour, Monsieur Courbet y titula algunas piezas A Modern Painter (Un pintor moderno) o The Painter (El pintor). No hay certezas tampoco en estos retratos: los personajes están sumidos en la misma deriva.

Baselitz, que tras los Héroes decidiría invertir las figuras en sus trabajos -lo haría por primera vez en Der Wald auf dem Kopf (El bosque cabeza abajo) en 1969y se mantendría fiel a este planteamiento- revisa en el apartado Remix algunas creaciones destacadas de su carrera, como Die grosse Nacht im Eimer (La gran noche se jodió), fechada entre 1962-63,o Die grossen Freunde (Los grandes amigos, 1965). Hay relectturas más coloridas, explosivas, como si aquel joven enfermo de pasado se sintiese hoy, ya un hombre maduro, más afín al presente.

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