'La casa de Bernarda Alba', vista a través de las mujeres marginadas

  • El Teatro Alhambra acoge hoy y mañana el montaje de Lorca interpretado por vecinas del barrio marginal sevillano de El Vacie, la mayoría analfabetas, que deben ganarse la vida recogiendo chatarras por la calle

"La primera vez que pisamos un teatro de verdad, flipamos". Carina Ramirez, que tiene un niño de seis años, otro de cinco y uno más en camino, es una de esas mujeres del barrio sevillano del Vacie, uno de los más marginales de la ciudad, que se ha apuntado a una aventura casi heróica: representar junto a otras ocho mujeres gitanas, la mayoría de ellas analfabetas, la obra La casa de Bernarda Alba, de Federico García Lorca. La iniciativa fue una idea del grupo teatral TNT y de la directora Pepa Gamboa: querían luchar contra la exclusión social en los barrios marginales y la mejor forma que encontraron era a través del teatro. La obra se representa hoy, a las 21.00 horas, y mañana, a las 19.00 horas, en el teatro Alhambra.

Carina, que vive en El Vacie de recoger chatarra, se aprendió su papel de memoria. "Sólo dos mujeres sabemos leer y escribir, el resto no saben, y nos costó todo mucho trabajo". Pero a ella la experiencia le ha fascinado. "Aunque no nos ha cambiado la vida. Mucha gente nos pregunta si con esto del teatro nos ha cambiado la vida, pero no. Seguimos viviendo en el mismo sitio, con mucha humedad para los niños", comenta.

Su primera incursión en el mundo del teatro fue en el barrio. "Lo primero que hicimos fue una obra de gitanos. En esa época ni siquiera sabíamos lo que era un teatro. Hicimos la obra de gitanos y un día vino esta muchacha, Pepa Gamboa, y nos dijo que nos iba a coger para un teatro de verdad. Nos fuimos de excursión, vimos un teatro de verdad y flipamos. Desde entonces todo ha sido muy rápido".

Tan rápido, que ya han actuado en Sevilla, Madrid, "en muchísimos sitios", dice Carina, que interpreta el papel de Amelia, una de las cinco hijas de Bernarda Alba, una mujer tiránica que, a la muerte de su esposo decide encerrarse a cal y canto con sus hijas y no salir a la calle en siete años. Eso desatará la tragedia. A Carina Ramírez le pagan 130 euros por función. "Ese dinero me viene muy bien para pagar las multas", comenta. "La vida es muy dura en El Vacie. Si ganara más..."

A Carina Ramírez le gustaría seguir en el mundo del teatro. "Me gusta muchísimo Federico García Lorca. Me gustaría hacer más obras suyas. Por ahora, la que más me gusta es ésta, pero no me importaría hacer otras obras de García Lorca".

El sufrimiento de la vida real, la maliciosa ingenuidad de los desposeídos, hace que la interpretación de las ocho mujeres de El Vacie sobre el escenario redoble la sensación de autenticidad de la obra. La sobrina de García Lorca, Laura, dijo de ella que era el espectáculo más absolutamente lorquiano que había visto nunca. Y es que las actrices ponen su alma y su vida en sus papeles.

Para los responsables del montaje, esta Casa de Bernarda Alba es como el proyecto del poeta granadino La Barraca, pero a la inversa. Lorca quiso llevar el teatro clásico por todos los pueblos de España para mostrárselo a la gente sin recursos. Ahora es la gente sin recursos la que se sube a interpretar teatro. El poeta se habría sentido dichoso con esta idea.

"Hemos hecho un pacto con Lorca", escribe la directora del montaje, Pepa Gamboa. "Y Lorca lo ha hecho con nosotras. La fábula se mantiene: universo femenino; encierro femenino; encierro del cuerpo y del alma de la mujer, donde los hombres simbolizan una falsa libertad. ¿Donde están los hombres? En otra parte: son fantasmas, sombras, voces lejanas que en la oscuridad resuenan como un hueco. Un espejo en el que ninguna se contempla".

Hoy y mañana, esas mujeres que tienen que bregar con la dura vida de los estados de sitio que son los barrios de las afueras, saldran de su cárcel durante una hora y mostrarán todo lo que puede hacer el amor por el arte.

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