Bob Dylan vuelve a Granada

  • Se cumplen 50 años de la grabación de 'Like a Rolling Stone', considerada la mejor canción de la historia del rock, aunque en su día no logró llegar al número 1 ni en EEUU ni en Reino Unido

El próximo miércoles el cantautor norteamericano Bob Dylan actuará por segunda vez en el Palacio de Deportes de la capital, donde ya estuvo el 18 de abril de 1999. Dieciséis años después, el huidizo e incansable músico, que desde mediados de los años ochenta, cuando supuestamente ya había superado sus años más creativos e intensos, se condenó a sí mismo a permanecer en una gira interminable hasta el final de sus días, el llamado Never Ending Tour en el que aún sigue inmerso, volverá al mismo escenario en el que actuó en su primera visita. En esta ocasión lo hará además con un nuevo disco recién publicado, el álbum Shadows in the Night (Columbia, 2015) con material popularizado por Frank Sinatra, que ha sacado al mercado hace apenas unos meses y que ha recibido excelentes críticas.

Pero más allá de su última entrega discográfica, la vigencia de Bob Dylan es de hoja perenne, pues al contrario de lo que suele ocurrir con la mayor parte de sus contemporáneos, el judío errante no se permite a sí mismo ningún vano ejercicio de nostalgia y a sus 74 años permanece, y ha permanecido durante todos estos años, exigiéndose tanto a nivel creativo, entregando regularmente material nuevo y acometiendo permanentemente nuevos proyectos, como en cuanto a su actividad sobre los escenarios. Es ya legendaria su costumbre de variar en cada actuación de repertorio, sin repetir apenas canciones de un día para otro, y según cuentan algunos de los músicos que han tenido el privilegio de acompañarlo, puede suceder que antes de salir de gira se ensayen 150 temas, y que el primer día de la gira el hermético cantante decida, sin previo aviso, empezar el show con alguna de los otros cientos que quedaron sin ensayar.

Se da la circunstancia de que estos días de julio se cumplen cincuenta años de la publicación, accidentada y sobrevenida, como veremos a continuación, de la canción Like a Rolling Stone, que aunque en su día no logró llegar al número uno de las listas ni en EEUU (donde alcanzó el segundo puesto) ni en el Reino Unido (donde quedó en el cuarto) se alzó al primer puesto de la lista de las 500 mejores canciones de todos los tiempos que elaboró la revista Rolling Stone muchos años después. El tema abriría el lp Highway 61 Revisited -Regreso a la Autopista 61- (Columbia, 1965), considerado también uno de los mejores álbumes de todos los tiempos, y llamado así por Dylan, en contra de la opinión de sus jefes en Columbia, como homenaje al blues, pues la Autopista 61 atravesaba el país de sur a norte y era la ruta habitual utilizada por los bluesmen que emigraban desde el Delta del Misisipi, cuna del género, y los estados del sur hacia el norte más próspero, partiendo de Nueva Orleáns y llegando hasta Duluth en Minnesota, lugar de nacimiento del cantante.

El disco supuso la ruptura definitiva del que hasta entonces había sido el principal valor de la revitalización del folk y la canción protesta, considerado por la vieja guardia folky la voz de la nueva generación, con esa tradición para entregarse sin remordimientos al rock ácido, poético y estridente con el que revolucionaría la trayectoria del propio rock y el concepto de las letras en el género. El joven Dylan, con apenas 24 años, escenificaría esa ruptura a finales de aquel mes de julio presentándose en el Festival de Newport de aquel verano con una banda de acompañamiento electrificada, lo que fue vivido como todo un desprecio por los tradicionalistas en el que era considerado el templo del folk. La actuación tuvo dos partes. En la primera Dylan, con una Fender Stratocaster colgada al cuello, interpretó Maggie's Farm, Like a Rolling Stone y una versión primitiva de It Takes a Lot To Laugh en un tono particularmente desmelenado, agresivo, chirriante, mientras que los abucheos y los aplausos trataban de superponerse al atronador ruido de los amplificadores. "Ha electrificado a la mitad de su público, y ha electrocutado a la otra mitad", dirían las crónicas. Retirada la banda, Dylan volvería para interpretar otros dos temas, ya con la guitarra acústica. Sería la última vez que claudicara en esa guerra.

Highway 61 Revisited fue grabado en seis sesiones en el Estudio A de Columbia en Nueva York entre el 15 de junio y el 4 de agosto de 1965. Las dos primeras de esas sesiones tuvieron lugar el 15 y el 16 de junio; el resto entre el 29 de julio y el 4 de agosto. Fue durante esas dos primeras fechas cuando se grabó Like a Rolling Stone al mando en la producción de Tom Wilson, que sería reemplazado por Bob Johnston para las siguientes debido a los desencuentros que tuvo con Dylan a propósito de la inclusión de un arreglo de órgano, prominente en la mezcla final de la canción. Curiosamente, el riff de órgano que hoy es distintivo del sonido del disco, fue una de las más felices casualidades de la historia de la música popular. Y el accidente por el que un tal Al Kooper se coló en esa historia. El primer día se grabó una primera versión en compás de ¾ con Dylan al piano, entre otros temas. El segundo, el día 16, Al Kooper, que era un músico de sesión que asistía como invitado de Wilson pero que no estaba previsto que participara, se sentó frente al órgano y comenzó a tocar el riff que acabaría por ser definitivo. En el resto del material del álbum, grabado mes y medio más tarde, Kooper sería pieza fundamental… al órgano.

Lo cierto es que el tema no convencía al departamento de ventas de la compañía, que consideraba que ni su sonido estridente ni su duración de más de seis minutos (algo inusual para la época) hacían viable su comercialización como single. A pesar de ello un empleado de Columbia decidió llevar una maqueta con una de las tomas descartadas a una discoteca frecuentada por celebridades y gente del mundillo musical. Allí fue tan bien recibida que finalmente, el 20 de julio, el sello se decidía a publicar el sencillo con Like a Rolling Stone en su cara a y Gates of Eden en la b. A partir de ahí la historia amarga de resentimiento y venganza sobre una chica bien caída en desgracia que cuenta la canción se convertiría en un éxito internacional y en la piedra fundacional del rock moderno.

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