Un CSI contra la locura del ser humano

  • 'Proyecto Laramie', hoy y mañana en el Alhambra, es el resultado de la minuciosa investigación que hizo Tectonic sobre un asesinato

Proyecto Laramie es mucho más que una obra de teatro. No hay historia inventada ni personajes ficticios. Todo es un rompecabezas real. Rara vez una compañía vive, sufre y se apasiona tanto con una idea. Cuando en 1998 tuvo lugar en Laramie (Wyoming) un horrible asesinato, la estadounidense Tectonic inició una investigación propia para entender, aunque fuera mínimamente, las razones de aquella sinrazón. La víctima, Matthew Shepard, un joven de sólo 20 años, fue golpeado con una pistola y atado a una valla abandonado en su agonía. El escritor Moisés Kayfman y la compañía fueron hasta Laramie y realizaron unas doscientas entrevistas a los dos asesinos, los familiares de la víctima y todos los que tuvieron relación con Shepard en el pueblo.

Estrenada en el 2000 en Estados Unidos, la obra llamó tanto la atención del actor Jorge Muriel -en aquel entonces se encontraba haciendo una beca en Nueva York- que quiso traerla como fuese a España. "Leí el texto y me pareció increíble: es tan bueno que habla de algo universal", cuenta ahora. Poco después de 'toparse' con ella allí, leyó durante una gira con la obra Comedia sin título en Granada que un joven homosexual "había sido apaleado en un pueblo de aquí". Eso le animó finalmente a traducirla. "Aunque no lo creamos, estas cosas siguen pasando todavía. A pesar de los avances a nivel legal con la homosexualidad y las minorías todavía es necesario reivindicar una serie de derechos".

Dirigidos por Julián Fuentes, ocho actores dan voz a 70 personas en la adaptación española de aquel caso. En su discurso están los testimonios reales de los involucrados hablando de temas, efectivamente, universales: la intolerancia, la violencia, la homosexualidad, la homofobia, la religión, el sistema judicial, la pena de muerte, las diferencias sociales, las minorías... "Analizando la obra", explica Muriel, "te das cuenta de que esta obra habla de un caso de maltrato que, salvando las distancias, tiene muchos puntos en común con el de Marta del Castillo o Sandra Palo. Dos chicos adolescentes que matan a otro...". La pregunta que plantea Proyecto Laramie es "¿qué hacemos como sociedad para que estas cosas ocurran entre dos chicos de veinte años? ¿cuál es nuestra responsabilidad?". Es una pregunta con difícil respuesta. La compañía Tectonic en su origen y ahora el minucioso y aplaudido trabajo de dirección realizado por Fuentes sólo -y ya es mucho- pueden ofrecer una reflexión.

¿Una reflexión pesimista? "En el fondo hay una esperanza", dice Muriel. "No es pesimista en plan qué mal lo estamos haciendo sino que propone que está en nuestra mano poder cambiar esto: el sistema educativo, la familia...".

Las entrevistas, el seguimiento del juicio y todas las pesquisas que hizo la compañía Tectonic del caso Shepard es digno de un equipo de CSI. Jorge Muriel, que trabajó hace dos años con ellos, conoce bien la investigación y lo que el proyecto supuso para el grupo desde que lo estrenaron hace más de diez años: "Se sienten muy responsables de contar bien la historia. Fue una labor muy minuciosa de contactar con la gente involucrada y hasta entrevistar a los propios chicos que asesinaron a Matthew, siempre, por supuesto, respetando la investigación policial. Iban siempre un poquito por detrás". En el montaje dieron cabida a todas las opiniones y testimonios porque ellos no querían hacer "una obra partidista ni hacer ningún tipo de apología. Lo que querían era reflejar lo que la sociedad opina".

Especialmente hay dos testimonios que llamaron poderosamente la atención del actor español: "Me parecen brutales". Uno es el de uno de los asesinos, Aaron James McKinney. "En el juicio se mostró muy frío con lo que había ocurrido pero hay un momento en que se rompe porque tiene un niño de 9 meses y su único temor es que lo van a matar y no va a volverlo a ver... Te das cuenta de la poca conciencia que puede tener una persona sobre lo que ha hecho". El otro es el del padre de la víctima. "En el juicio podría haber pedido la pena de muerte para los asesinos de su hijo y sin embargo los perdona... Ahí es donde está la esperanza". Los dos siguen en la cárcel con dos cadenas perpetuas cada uno y sin posibilidad, "supuestamente" de salir nunca a la calle.

El espectador recibe la obra como si fuera un investigador entrevistando a los testigos. "El público es como el reflejo de la sociedad que escucha cada declaración o ve la noticia en la tele".

Para los actores es una delicia absoluta, "un regalo", dice Muriel. Antonio Mulero, Mónica Dorta, Diego Santos, Consuelo Trujillo, Iñaki Guevara, Ana Cerdeiriña, Victoria Dalvera y él son los encargados de poner en pie esta muestra de una sociedad enferma de intolerancia. "Es un viaje que te va llevando de un lado a otro, una obra muy coral donde puedes apoyarte en tus compañeros". Lo bonito de representar Proyecto Laramie "ha sido descubrir que no íbamos a hablar de personajes sino de personas de carne y hueso, y teníamos que empatizar con su discurso interior". Igual interpreta a un estudiante con gorro que al último camarero que vio con vida a Matthew. "Sólo tengo que cambiar un gorro por unas gafas". Julián Fuentes, dice el actor, ha hecho un estupendo trabajo para que no sea una locura. El resultado es una radiografía de la psicología humana digna del mejor equipo de investigación.

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