Café, copa y puro

Con su voz de arena y alcohol Thalia Zedek vuelve a entregar otro de sus lacerantes discos sobre la vida y el dolor. Desde que triunfara en los 90 con Come a la sombra del huracán grunge, la Zedek no ha hecho más que crecer. Con una base ya conocida de guitarra, batería y viola, añade pianos y bajos para sonar como una banda, como no lo había hecho desde que firma en solitario. El sonido denso de grupo de rock herido adquiere toda la potencia emocional con sus voz de lija y sus textos de pérdida y pasión, contundencia y delicadeza. Cada vez más cerca de las grandes, si no le es ya.

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