Camarón, el riesgo del olvido

  • Ricardo Pachón, productor de una docena de discos del cantaor, pide que se recupere su memoria coincidiendo con el 20 aniversario de su fallecimiento

A Camarón de la Isla, "tímido y humilde", le "sacaba de quicio" verse "deificado". Quizá por eso no le hubiera importado que, 20 años después de su muerte, no exista ni un museo ni una fundación que guarde su memoria, conserve su legado y evite que el tiempo borre la palpitante huella de su leyenda.

Quienes compartieron la vida con él, como Ricardo Pachón, productor de una docena de sus discos, entre ellos el legendario La leyenda del tiempo, no entienden sin embargo cómo "no se ha hecho nada" por un personaje de la categoría de Camarón que "debería estar a la altura de un Jimi Hendrix, porque se lo merece".

"Su legado no se lo ha tomado en serio nadie. Me da muchísima pena porque hay cosas que se van a perder. Es imprescindible que se haga algo para tener un mínimo de conservación", dice Pachón (Sevilla, 1937), el chef que cocinó en su estudio la revolución del flamenco de la mano de artistas como Lole y Manuel, Pata Negra y, por supuesto, Camarón.

Pachón participa estos días en las modestas actividades que la localidad natal del cantaor, San Fernando (Cádiz), ha organizado para conmemorar el vigésimo aniversario de su muerte, que se cumple mañana, y que el mismo consistorio ha calificado como una "piedra de toque" para saldar sus "asignaturas pendientes" con el cantaor.

Un trabajo que, según el productor, sería "cien por cien rentable" si se tiene en cuenta cómo aún hoy cientos de seguidores de todo el mundo viajan a San Fernando a tocar escenarios como su tumba, la Venta de Vargas o la fragua de su padre o a visitar La Línea, donde su viuda, La Chispa, sigue atendiendo una mercería y manteniendo a los cuatro hijos que tuvo con el cantaor, dos de los cuales han hecho pinitos en la música sin apenas repercusión.

Pachón asegura que en España, "desde el punto de vista institucional", no se le ha dado a Camarón "la más mínima importancia". "Lo seguimos considerando un muchachito que cantaba y ya está", se lamenta, mientras recuerda que grandes de la música, desde Mick Jagger a Bono o Peter Gabriel, han "alucinado" con él.

"A la fundación se le ha dado muchas vueltas pero nadie acaba de coger el toro por los cuernos. No sé tampoco qué tipo de facilidades dan sus herederos", que guardan, entre muchos recuerdos, la colección de guitarras de Camarón y un tesoro: decenas de cintas que el cantaor grabó en su pequeño estudio, algunas de las cuales se han echado a perder.

Pachón sabe que esta dejadez no enfadaría mucho al cantaor, porque se llevaba "muy mal, muy mal" con su mito, con una leyenda que empezó a fraguar el pueblo gitano, que hizo de él "una especie de gurú" y le "entronizó" como a su "príncipe".

Su leyenda se engrandeció a partir de 1979 cuando grabó con músicos del rock La leyenda del tiempo, un "disco bisagra como lo fuera el Sargent Pepper de los Beatles", con el que abrió al mundo las puertas del flamenco. Pero la fama no le ayudaba a vivir. Un psiquiatra que le atendió dictaminó que Camarón "prefería" estar "permanentemente out", "colocado siempre" porque era "muy tímido y muy humilde" y "no soportaba la presión" de verse "deificado".

La "mitificación" -que llegó a extremos como el de llevarle niños en silla de ruedas, como si pudiera hacer milagros- no afectó a su arte, pero sí a su vida cotidiana porque él, que no se veía como el gran cantaor que todos admiraban, prefería quedarse "pegadito a la pared" y pasar desapercibido; así, se convirtió en "un maestro en perderse".

Camarón, según el productor, no entró nunca en conflicto por acercar el flamenco a otros territorios y sacarlo de eso que llaman "pureza", porque, tras su etapa con Paco de Lucía, "el cuerpo le pidió" cambiar, investigar.

Fue en un tiempo, finales de los 70, en el que Sevilla vivía un curioso "paralelismo" con California. "Teníamos tres bases americanas muy cerca que ponían al alcance el rock más progresivo y unas dosis de LSD potentísimas que circulaban como la Cruzcampo. Ese mundo unió mucho a roqueros y flamencos", cuenta Pachón, que cree que todo ello fue "una raíz profunda" del nacimiento del llamado nuevo flamenco que coronó Camarón de la Isla.

Pero en sus últimos años de vida su "obsesión" era volver a sus raíces. "Por lo menos cinco o seis años antes de morir siempre me decía lo mismo: "Tengo que hacer un disco de flamenco clásico, que es lo que me gusta a mí".

"Cuando lo intentó era un poco tarde, porque el flamenco clásico es muy exigente, hay que estar en forma y ya a Camarón le costaba hacer un cante por derecho. Era un poco triste, porque se daba cuenta de que se le había pasado el momento", recuerda Pachón.

Un momento que ya sólo podrá volver de la mano de esas grabaciones inéditas que aún se conservan del Camarón más íntimo y más puro. De ese duende cuya leyenda se mantiene viva sin ayuda de nadie.

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