Canciones y pintalabios

Hace apenas un año y medio la madrileña Lourdes Hernández no era más que una más entre las miles de aspirantes a hacerse un hueco en el ingrato y volátil mundo de la música independiente. El olfato de Fernando Vacas (líder de Flow), le llevó a proponerle un contrato discográfico que se materializó con su excelente I love your glasess, el álbum con el que en 2008 experimentó un ascenso imparable. Con él ha pasado de ser la penúltima sensación del indie a artista revelación del año y a dar innumerables conciertos por toda la piel de toro y más allá. Su música sigue siendo hipnótica, su voz tan cálida como poderosa y sus canciones siguen atrapando por su madurez, su sensibilidad y su maestría. También siguen siendo los mismos los excelentes y versátiles músicos que la acompañan en directo para arropar con los arreglos precisos sus impecables melodías, pero los que no son los mismos son los recintos donde actúa ni los cachés que pagan los promotores por ella. Con su voz es capaz de mostrarse tan frágil como rotunda, pero siempre intensa. A la mente vienen los nombres de grandes cantantes. Desde Regina Spektor a Hope Sandoval. De Joanna Newsom a Feist. Y con cualquiera de ellas podría resistir la comparación. Kiss my elbow, Cigarrettes, No past land, Walls are tired… Una tras otra, casi todas las canciones de su aclamado álbum fueron cayendo de la lista. Y entre medias hubo ocasión para introducir alguna de sus nuevas composiciones, de las que formarán parte de su próximo trabajo, para acabar con esa intimista versión del Girls just want to have fun de Cindy Lauper. Podría dejar notar signos de cansancio, pero de momento sigue poniendo toda la pasión en cada tema.

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