Canto de amor a Galicia

  • Amancio Prada pone música a los 'Seis poemas gallegos' de García Lorca en un disco-libro acompañado de ilustraciones de Juan Carlos Mestre

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No por ser el granadino más universal, Federico García Lorca dejó de recorrer otras tierras. Así lo hizo en 1916, cuando realizó su primer viaje a Galicia, del que volvió impresionado. Fruto de ese viaje y otros posteriores ya en la década de los treinta a aquella región son los Seis poemas gallegos, un poemario en esa lengua que supone un verdadero acto de amor, sobre todo viniendo de un 'forastero'.

La obra, escrita entre 1932 y 1934, ha sido el punto de partida para el cantante y compositor Amancio Prada, que les pone música y los interpreta en Federico García Lorca: Poeta en Galicia, un disco-libro con una cuidada edición que además va acompañada de ilustraciones de Juan Carlos Mestre.

Esta publicación de Vaso Roto Ediciones es la tercera colaboración entre la editorial y el músico, según explica el editor Jordi Doce, quien destaca que es un trabajo "muy cuidado" porque las ilustraciones de Mestre en forma de una especie de teatrillo desplegable complementan las canciones "a la perfección", con lo que el resultado, teniendo en cuenta que son unos 30 minutos de música, es "muy íntimo".

Para este disco-libro, Amancio Prada presenta sus composiciones con sobrios arreglos, que recuerdan la visión que tuvo Lorca de aquella Galicia fría y gris a la que visitó gracias a su admiración por la poeta Rosalía de Castro, a quien, por cierto, Prada ya puso música en ocasiones anteriores. También lo hizo con Lorca hace una década en Sonetos y canciones de Federico García Lorca, su anterior aproximación al poeta granadino.

El músico leonés incluye esos Seis poemas gallegos que se publicaron en diciembre de 1935 y que reunía cinco poemas inéditos y uno más -Madrigal á cibdá de Santiago, (Madrigal a la ciudad de Santiago), que ya se había publicado en 1932 en una revista gallega.

El poemario se completa con los versos de Romaxe de Nosa Señora da Barca (Romería de Nuestra Señora de la Barca); Cántiga do neno da tenda (Cántiga del niño de la tienda), dedicada a Ernesto Pérez Guerra; Noiturnio do adoescente morto (Nocturno del adolescente muerto); Canzón de cuna pra Rosalía Castro, morta (Canción de cuna para Rosalía Castro, muerta) y Danza da lúa en Santiago (Danza de la luna en Santiago).

Lorca, granadino y, por tanto, escritor en lengua castellana, ya había publicado en aquellos años 30 del siglo pasado Romancero Gitano y Poeta en Nueva York, por lo que ya era conocido tanto en España como en parte de Europa. Desde aquel primer viaje a Galicia en 1916, volvió en 1932 en varias ocasiones y también lo hizo después, pero entonces, además de su admiración por el paisaje y los colores de la región, se interesó por su pueblo y su lengua, que se había mantenido pese a la oposición de muchos.

"Me sentí poeta gallego, y una imperiosa necesidad de hacer versos, su cantar me obligó a estudiar a Galicia y su dialecto o idioma, para lo maravilloso es igual", llegó a decir en 1933 en unas declaraciones en Buenos Aires.

Sin embargo, no escribió allí estos poemas, sino que fue a su vuelta a Madrid, donde tenía varios amigos gallegos, cuando se decidió a plasmar esos conocimientos en lengua gallega en una serie de poemas.

Lorca conocía al musicólogo Jesús Bal y Gay, los poetas Eugenio Montes y Serafín Ferro, además del joven Ernesto Pérez Guerra, junto con quien compuso el primer poema en gallego, Madrigal á cibdá de Santiago, en 1932 y que se publicó ese mismo año.

Pero un año más tarde Pérez Guerra presentó a Federico a Eduardo Blanco Amor, quien finalmente publicaría los seis poemas, después de pedirle los manuscritos, escritos con letra de Pérez Guerra, quien parece ser que le ayudó en las correcciones en gallego.

El filólogo y crítico literario Miguel García-Posada, fallecido en 2012 y cuya tesis doctoral versaba sobre Poeta en Nueva York, hizo un análisis de estos poemas lorquianos. Según su estudio, los Poemas gallegos, escritos al mismo tiempo que las gacelas y casidas del Divan del Tamarit, muestran una "extensión media similar y estructuras métricas parecidas, aunque sin recurrir al verso libre de su época neoyorquina".

García-Posada añade que el orden de los poemas no es "nada gratuito" y divide los poemas en tres parejas. En los dos primeros hay una "cierta esperanza pese a presencias hostiles"; los dos siguientes tratan del suicidio de dos jóvenes; y los últimos, pese a su "significado opuesto, están enlazados por una común presencia femenina".

En el disco que ahora publica, Amancio Prada (voz y guitarra) está acompañado por Cuco Pérez (acordeón) y Josete Ordóñez (guitarra flamenca) y en él se incluye también la Salutación elegíaca a Rosalía de Castro donde el músico expresa la completa admiración por la obra de la poetisa gallega.

Precisamente este disco fue presentado al mismo tiempo que otro, Resonancias de Rosalía, conformado por 18 de los más sugestivos poemas de la reina de las letras gallegas, Rosalía de Castro, musicalizados también por Prada.

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