Caracoleando en la noche

  • Miguel Poveda, Ricardo Miño, El Pele, Aurora Vargas, Manolete, Paco Cepero y la hija del cantaor, Luisa Ortega, rinden homenaje al maestro en el Patio de los Aljibes para conmemorar el centenario de su nacimiento

El maestro Manolo Caracol, uno de los hombres que más influyeron para que el flamenco alcanzara el lugar que se merece, no pudo tener mejor homenaje que el que recibió anoche en el Patio de los Aljibes, en el corazón de la Alhambra, de manos de un puñado de cantaores de primera fila que le rindieron tributo con sus gargantas. El recital se retrasó debido a problemas técnicos con una mesa de sonido pero Miguel Poveda supo meterse al público en el bolsillo cuando se arrancó con una capela en la que demostró su torrente de voz.

Poveda, Aurora Vargas, El Pele, Manolete, Ricardo Miño, Paco Cepero y hasta la hija del propio Caracol, Luisa Ortega, desfilaron por el escenario para mostrar su emoción. Estuvieron caracoleando en la noche.

Cien años se cumplen en 2009 del nacimiento de Manuel Ortega Juárez, sevillano de pro y tataranieto de uno de los primeros grandes cantaores del flamenco, El Planeta. Y 87 años se cumplen de aquel mítico y legendario Concurso del Cante Jondo que organizaron Federico García Lorca y Manuel de Falla en el Patio de los Aljibes. Manolo Caracol fue uno de los ganadores de aquel concurso. La ocasión se pintaba perfecta para volver a recrear en el mismo lugar aquella noche memorable de 1922.

A raíz de aquel premio, que Manolo Caracol ganó con tan sólo 13 años, aquel chaval que había venido desde Sevilla con toda su ilusión comenzó a despuntar en los círculos flamencos de todo el país. Tuvo que ganarse la vida como lo hacían entonces los cantaores del momento: participando en zambras y en fiestas particulares que los señoritos adinerados organizaban en sus casas para su personal disfrute. Pero en los años cuarenta, Manolo Caracol, que tuvo como pareja artística a Lola Flores, entró en el mundo del cine y las cosas cambiarían por completo. Ambos se convirtieron de la noche a la mañana en las grandes estrellas de la pantalla y su música llenó todos los cines del país. Elevaron al flamenco a su quintaesencia.

Anoche, los principales cantaores 'caracoleros' volvieron a revivir aquellas piezas que popularizó Manolo Caracol y recrearon sus viejos cantes. Le tocó abrir velada a Miguel Poveda, una de las grandes estrellas flamencas del momento, un cantaor que acaba de sacar un formidable disco, Coplas del querer, en el que rescata las grandes tonadillas del siglo XX con una infinita elegancia y maestría. Poveda, que estuvo acompañado por Chicuelo a la guitarra y por Luis Cantarote y Carlos Grilo a las palmas, no hizo nada de su último trabajo, sino que recreó los cantes más intensos de Manolo Caracol y lo homenajeó como mejor sabe hacerlo: con su garganta de hechura dulce y la potencia de su voz.

Le siguió el pianista Pedro Ricardo Miño, que recordó cómo Caracol fue uno de los primeros cantaores flamencos que se hicieron acompañar al piano o por una orquesta en lugar de la tradicional guitarra flamenca. La velada se tornó más íntima y lírica. Estrenó una fantasía granadina en recuerdo de Falla y del Concurso de Cante Jondo.

El Pele, cantaor gitano y cordobés, admirado por estrellas como David Bowie, Prince o Quincy Jones, no quiso perderse una velada en la que poder homenajear con su arte a Manolo Caracol y recordarle a través de sus cantes caracoleros. El ambiente recordaba más y más, aunque con estrellas del primer firmamento flamenco, lo que debió ser el Concurso del Cante Jondo de 1922, con un público entregado en una noche espléndidamente cálida.

Tras El Pele, le tocó el turno a Aurora Vargas, una de las voces más desgarradas del flamenco y de más mujerío. Vargas demostró por qué está entre los grandes y trajo hasta el Patio de los Aljibes aquellas noches memorables en que cantaba en Los Canasteros, aquel tablao flamenco de Madrid que Manolo Caracol levantó en 1963 y por el que se paseaba el arte con todos sus respetos.

Pricesamente Manolete, que siguió la actuación tras la cantaora sevillana, recordaba hace unos días una anécdota con Manolo Caracol en Los Canasteros. Había acudido en mangas de camisa al tablao y el maestro no lo dejó entrar porque no iba vestido adecuadamente. Manolete puso el baile a la noche y el momento granadino.

El guitarrista Paco Cepero, uno de los grandes tocaores y de los más innovadores dejó muestras de su arte y preparó la noche para uno de los momentos más emotivos: la subida al escenario de Luisa Ortega, la hija de Manolo Caracol que, acompañada de Paco Cepero y Pedro Ricardo Miño, desgranó algunos de los mejores cantes de su padre y recibió el caluroso aplauso del público. Tras más de dos horas de concierto, el espíritu de Manolo Caracol, fallecido en accidente de tráfico en 1973, estuvo en la Alhambra más presente que nunca, más intenso que nunca y más profundo que nunca. Sus cantes, sus zambras, sus fandangos, todo su arte, se pasearon por el mismo lugar en que, 87 años antes, un adolescente se labró el camino del triunfo.

Etiquetas

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios