Chica para todo

Ha sido un rotundo acierto que La Fura dels Baus cuente con Marina Heredia para esta nueva versión de El amor brujo de Falla. El fuego sin discusión lo puso Marina, como la palabra lo fue María de la O Lejárraja en su tiempo. Porque nuestra artista más exportable es versátil y entregada. Lo que prima en la granadina es la naturalidad, el abrazo a un papel escrito para ella. Marina interpreta, baila, recita y canta. Es una aventura a la que pone el corazón y, si bien algunos momentos se vieron forzados o en exceso pueriles, cuando las aguas desembocan en su terreno, rellena el escenario, rompe la pana con su presencia.

Comienza la función tan sólo actuando, con danza incluida, como si fuera alguien más del cuerpo de baile, donde destaca el movimiento de sus manos. No en vano la Heredia, como casi todas las flamencas, quiso ser bailaora antes de cantar. La historia puede ser tópica en nuestros días: el amor, el engaño, el embrujo gitano y la vuelta a un amor que siempre estuvo latente. Es el argumento exótico para una música maravillosa, que le debe bastante a los elementos rítmicos y melódicos del flamenco. Es la puesta en escena rompedora y del grupo catalán.

Heredia, en el rol de Candelas, estrena su voz en el Amor gitano, "Ayer te vi pasar con otra del brazo…", un bolero de origen mexicano, que Marina aflamenca por bulerías, con la guitarra precisa de José Quevedo, El Bola.

Manolo Caracol, Camarón o Enrique Morente trabajaron ya con orquesta sinfónica. La voz flamenca, el quejío y el sentimiento de desgarro cuadran a la perfección con la melodía de un piano, con el llanto de los violines, con el latido marcial de una percusión con partitura. Ahora Marina Heredia toma el relevo y presta su voz sin complejos a estos movimientos de Falla.

Escuchamos igualmente la Canción del amor dolido, en el primer cuadro, donde parece que el agua mata al fuego. Pero, por elegir, me quedo con la Canción del fuego fatuo en el cuadro segundo, ocupando un lugar preeminente entre tantas lo han interpretado.

Como regalo, poco antes de que termine la noche, como sentido tributo a su tierra, Marina, con la guitarra de El Bola, añade unas sentidas granaínas a un guiso que, de ser posible, Falla hubiera pensado en ella para su cocción.

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