'El Cid', una superproducción a la española

  • Se cumplen 50 años de la adaptación a la pantalla que Hollywood hizo del clásico

Un productor de origen rumano, Samuel Bronston, un Rodrigo Díaz de Vivar interpretado por Charlton Heston y una Doña Jimena romana, Sofía Loren, conformaron la versión del Cantar de Mio Cid hecha por Hollywood, dirigida por Anthony Mann y, eso sí, rodada en España.

Cincuenta años después de aquel rodaje, muchos habitantes de Belmonte (Cuenca), Ampudia (Palencia), Calahorra (La Rioja), Colmenar Viejo (Madrid) o Peníscola (Castellón), por citar solo unos pocos, siguen teniendo en aquella experiencia una de sus principales fuentes de anécdotas y batallitas.

España vivía entonces, gracias a ese productor llamado Samuel Bronston que había abierto sus estudios en Madrid, una especie de sueño americano. Mientras políticamente seguía atada a la dictadura, se abría al glamour de Hollywood gracias al rodaje de algunas de las producciones más espectaculares del cine.

Bette Davis, Rita Hayworth o Ava Gardner pasearon esos años por Madrid -en el caso de la última, se quedó unos cuantos más- gracias a películas como El capitán Jones, de John Farrow (1959); Rey de Reyes (1961) y 55 días en Pekín (1962), de Nicholas Ray, La caída del Imperio Romano (1963), de Anthony Mann, y El fabuloso mundo del circo, de Henry Hathaway (1964), con la que Bronston se arruinó.

Pero durante doce años de esplendor, ese país aislado de sus compañeros europeos se convirtió en un gigantesco plató con canal directo de comunicación con la Meca del cine.

Para cuando Bronston se había asentado en España, donde había recreado Israel y China, se sintió impulsado a adaptar uno de los poemas castellanos más célebres: el anónimo Cantar de Mio Cid, que convirtió en una lujosa superproducción de tres horas de duración y larguísimo rodaje. Tan largo, que Charlton Heston, que quería apoyar a John Fitzgerald Kennedy durante su campaña electoral, no pudo zafarse de la armadura. Si bien en España Bronston encontró un equipo técnico de gran calidad y a bajo coste -entre ellos al oscarizado decorador Gil Parrondo-, para El Cid, como para todas las demás películas a excepción de Rey de Reyes, en la que confío a Carmen Sevilla el papel de María Magdalena, buscó actores extranjeros.

Heston, que ya había sido un improbable mexicano en Sed de mal, asumió el heroico papel protagonista. Y Sofía Loren, que en España rodaría también Orgullo y pasión y La caída del Imperio Romano, se metió en la piel de Doña Jimena.

Si ya en pantalla el feeling no fue demasiado, en el rodaje faltó poco para que se tiraran los trastos a la cabeza. De él se decía que tenía alergia a la ducha, además de que, como confesó en su autobiografía años más tarde, no congeniaba con Anthony Mann y quería que William Wyler, quien le dio el papel de su vida en Ben Hur, se hiciera cargo del proyecto.

De ella, que ese mismo año ganaría el Oscar por Dos mujeres, se decía que tenía demasiado subido a la cabeza que con El Cid acababa de batir el récord de salario para una actriz con un millón de dólares, más de lo que cobraba Heston.

En cualquier caso, superado un rodaje interminable, la película de El Cid, guste o no a los puristas del material literario y aun considerando que ha envejecido mal como pocas, fue un éxito de público y optó a tres Oscar, uno de ellos por una canción muy poco española llamada The Falcon and the Dove, compuesta por el húngaro Miklós Rózsa. Sus 6 millones de dólares de la época de presupuesto se tradujeron en 26 solo en Estados Unidos y la cinta contribuyó enormemente a popularizar la gesta de El Cid Campeador, a poner de moda la Reconquista como material cinematográfico y a despertar el interés turístico por una España mas allá de la costa.

Etiquetas

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios