Cientos de años de sabiduría

  • Carmen Machi se transmuta en una vieja tortuga para poner en tela de juicio las acciones del ser humano

Una tortuga bicentenaria ha visto pasar ante sí las vidas de muchas personas. Pero también ha visto pasar lo mejor y lo peor de lo que es capaz el ser humano. Once papas y treinta y cinco presidentes norteamericanos, pero también dos guerras mundiales, una Revolución de Octubre y hasta una Perestroika. Harriet, la protagonista de La tortuga de Darwin, se paseó ayer por el Teatro Alhambra de la mano de una excepcional Carmen Machi. Sobre su espalda, no sólo lleva un caparazón; sino que le acompaña el peso de todas sus vivencias y de su decepción con el hombre.

Juan Mayorga firma el texto que Teatro El Cruce se ha encargado de subir a las tablas. Como viene siendo un tema recurrente en él, un animal se convierte en la vía para retratar los temores, las ansiedades, los sueños y las preocupaciones más humanas. Y Harriet, la abuela de las Galápagos, es la que más sabe.

Todo el texto resume la especie humana y consigue momentos muy divertidos y entrañables. A lo largo de la obra, cantará La Internacional, pero también vitoreará a Adolf Hitler. La tortuga será el objeto de disputa de dos científicos, que quieren abrogarse el éxito de haber encontrado a un animal capaz de hablar y razonar. Carmen Machi, magnética en su papel de tortuga, convence a los espectadores de lo difícil que puede llegar a ser para un animal que ha visto casi de todoentender por qué suceden cosas tan disparatadas como que un muro separe a familiares y amigos que viven en una misma ciudad.

La larga gira que lleva ya La tortuga de Darwin se ha visto salpicada con numerosos reconocimientos de la gente de la escena, y entre los que no ha faltado el Premio Max a la Mejor Actriz por la interpretación de Carmen Machi.

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