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Cine, de nuestro tiempoPersonajes de ficción en busca de guionistasBrahms y la máquina de escribirThe Beatles y el Circo del Sol

  • Intermedio edita cuatro nuevas referencias de la mítica serie: Kaurismaki, Straub-Huillet, McLaren y los Dardenne

La modernidad sigue siendo el gran paraguas estético que cobija la heterogeneidad de las cuatro nuevas entregas de la serie Cine, de nuestro tiempo que, con el habitual cuidado y material complementario (cortos alusivos, entrevistas y textos), nos trae el sello Intermedio. A Imamura, Garrel, Kiarostami y Tarkovski se suman ahora, y a la espera de Rouch, Ferrara, Loach e Iosseliani, las figuras de Aki Kaurismaki, Danielle Huillet y Jean-Marie Straub, los hermanos Dardenne y Norman McLaren observados, respectivamente, por Guy Girard, Pedro Costa, Jean-Pierre Limosin y el propio André S. Labarthe, ideólogo y fundador de la serie junto a Jeanine Bazin allá por 1964.

Las filiaciones estéticas entre director y autor encuentran aquí cuatro nuevos ejemplos de aproximación. En 1967, Labarthe se marchaba a Canadá para encontrarse con el escocés Norman McLaren (1914-1987), uno de los padres de la animación moderna quien, lejos de las propuestas comerciales, asumía la abstracción, la materialidad y la manipulación del propio celuloide y las técnicas del stop-motion como elementos expresivos de primer orden. Aquella rudimentaria entrevista es retocada ahora con sugerentes efectos de vídeo, cortinillas y ventanas que completan un retrato bio-filmográfico junto a simulaciones de sus propias técnicas, cuya singular estética le ha otorgado un lugar de privilegio en la esfera del arte contemporáneo.

En el año 2000, Guy Girard viajaba a Finlandia para seguir la pista al huidizo Aki Kaurismaki, lacónico poeta de los marginados de Europa. Girard pone en escena a un Kaurismaki sentencioso y digresivo que se niega a tomarse demasiado en serio mientras enseña su colección de sombreros y otros objetos inservibles, bebe vino blanco, comenta las carreras de Fórmula-1 en la barra de su restaurante o diserta sobre Bresson, el cine mudo y el exilio junto al muelle donde rodó algunas de sus escenas más memorables.

Un año más tarde, el director portugués Pedro Costa, del que Intermedio editará pronto las imprescindibles No quarto da Vanda y Juventude em marcha, se encerraba en la sala de montaje con ese peculiar matrimonio artístico que conformaban Jean-Marie Straub y Danielle Huillet, para observar y escuchar su método de trabajo a través de una colección de esenciales planos fijos, un método artesanal, implacable y materialista que, desde Crónica de Anna Magdalena Bach a Quei loro incontri, nos enseña el momento justo en el que cortar un plano, ni un fotograma más, ni un fotograma menos, para completar el montaje final de Sicilia!, una de sus últimas obras maestras.

Y de la sala en penumbras al perfil industrial y las calles frías y grises de la ciudad belga de Seraing que han protagonizado siempre la comprometida y humanista mirada de los hermanos Dardenne, herederos de los preceptos estéticos y teóricos rossellinianos en la Europa del (falso) bienestar y el desempleo. Locuaces y sintonizados frente a la cámara cómplice de Jean-Pierre Limosin, los hermanos complementan alternativamente un discurso de una coherencia ético-estética apabullante en los espacios y esquinas por las que han hecho moverse a los cuerpos de sus protagonistas en La promesa, Rosetta, El hijo o El niño.

Entre la proliferación de manuales y recetarios para cocinar (a fuego rápido) guiones cinematográficos y televisivos de probada eficacia y modélica fórmula, rescatamos este libro que alterna práctica y análisis en un formato combinado que le hace un gran favor al lector no especialmente interesado en convertirse en guionista. Así, la primera parte (La creación del personaje) se encarga de definir conceptos y dar algunas pautas para construir personajes de ficción con entidad que sobrevivan al tránsito entre el papel y la pantalla, con aportaciones de Alfredo Caminos, David Muñoz, Iván Escobar o del cineasta Enrique Urbizu, que se encarga aquí de glosar aforísticamente al personaje en el thriller. La segunda parte (Análisis de personajes ejemplares), más interesante, se centra en el análisis del personaje como eje primordial de las ficciones cinematográficas desde diversos enfoques, con paradas en los personajes femeninos de Howard Hawks (Huerta), los antihéroes de Clint Eastwood (Sangro), el protagonista colectivo en el cine de Eisenstein (Pérez Millán), bajo el toque Lubitsch (Torres-Dulce) o en los sempiternos perdedores de John Huston (Guillermo Martínez y José María Larvín).

El piano de Jean-Yves Thibaudet y el teclear de una máquina de escribir se funden con Brahms para impulsar el relato de McEwan en su oscarizable versión cinematográfica. Del mismo modo que el filme diluye su ímpetu e interés iniciales para ceder al academicismo de guardarropía, el score de Marianelli (Orgullo y prejuicio) guarda su originalidad y brillantez para sus primeros momentos.

El ínclito Bono, Joe Cocker, Jim Sturgess, Dana Fuchs, Evan Rachel Wood, Joe Anderson o Salma Hayek se atreven aquí, nuevos arreglos mediante (Elliot Goldethal), con el clásico repertorio de The Beatles sampleado por Julie Taymor y con estética Cirque du soleil. El resultado, voluntariamente kitsch, empalaga lo suyo y hace que se eche de menos la mano sabia y austera de George Martin.

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