El Circo del Sol abrasivo

El Circo del Sol hizo honor a su nombre y congregó a cientos de espectadores en el Carlos V a más de 35 grados a la sombra. Fue un aperitivo, como el sorbito de sorbete de hierbabuena antes del plato principal que se servirá en el Palacio de Deportes del 13 al 17 de julio. Serán ocho funciones de Varekai, una obra inspirada en el mito de Ícaro que supone el regreso a Granada de la compañía canadiense que combina la rara dualidad de un espíritu hippie y ser ya casi una multinacional del circo. Michael G. Smith, director artístico de la obra, señala que el Circo del Sol sólo podría haber sido posible en Quebec. "El lado hippie viene del lado frances, el lado bisness de América, también está el espíritu latino...", señala el creador que trabajó como director del Lido de París y que se puso el mundo por montera después de un encontronazo con el gobierno chino. Después de dos años en el paro entró en contacto con el Circo del Sol. "Les gustó que, aunque no había hecho nunca ni circo ni acrobacias, yo había sido artista antes y también había trabajado en un crucero, si has hecho muchas cosas en la vida eres interesante", señala durante un encuentro posterior al espectáculo en el Parador de San Francisco. Y a continuación demuestra que la imaginación hay que trabajarla en cada momento y, si le preguntan después de cuatro entrevistas qué es Varekai, se queda en silencio para no repetir lo mismo que ha dicho hace tan sólo unos minutos. "Los granadinos va a ver un espectáculo que ha cambiado mucho desde su estreno, nuestro compromiso es ser originales y cuando notamos que nos copian los números los cambiamos", señala sobre una obra creada por Dominic Champagne después de romperse las dos piernas montando un espectáculo. No podía caminar ni encontraba la ayuda que esperaba, pero acabó volando con Varekai.

Con España mantienen una relación "especial" que quedó sellada el pasado mes de febrero en Málaga, con más de 15.000 espectadores al día en el Martín Carpena y unas cifras sólo al alcance de U2 o los Rolling Stones. "Cada país es especial para nosotros, trasladamos las emociones de una manera abstracta y con metáforas, pero ni en Inglaterra ni en Alemania tenemos tanto éxito porque son países que tienen menos imaginación, les gusta mucho las comedias musicales y saber exactamente qué tienen que sentir en todo momento, pero nosotros no hacemos esto y en España hay gente con mucha imaginación a la que le gusta expresarse", apunta Smith haciendo de paso un perfil sociológico de la vieja Europa. "Disfrutamos enormemente con el publico español porque no tenéis miedo de gritar, no tenéis miedo de entrar en nuestro universo, no queremos que la gente se quede pasiva cuando viene a ver nuestro espectáculo".

El director artístico subraya el trabajo social de la compañía cuando viaja por países de Sudamérica como Brasil o Argentina, buscando las escuelas de los barrios más pobres para invitar a los niños a que pasen un día en el universo del Circo del Sol. "Queremos dar esperanza a estos jóvenes y que vean que aparte de la droga hay una vida. Por estas cosas tenemos una imagen un poco hippie, con el éxito que tenemos es muy importante dar a los que no tienen, por esto yo me quedo con esta compañía aunque puedo ganar más dinero en otro sitio", subraya.

¿El Circo del Sol podría tener cabida en una cita como el Festival de Música y Danza? Smith sonríe y añade que la compañía está abierta a todo. "El arte es hacer algo en la escena, cualquier cosa, danza, lo que sea, si la emoción es sincera ahí empieza todo", afirma.

A continuación, cuando le comentan que por la noche actuará el Ballet del Bolshoi lanza una sonora carcajada y dice que, aunque son fantásticos, prefiere el Mariinsky. ¿Es cómo ser del Madrid o del Barcelona? "Exactamente, y yo voy con San Petersburgo que es donde hay más arte", afirma el creador que acaba confesando que posee una casa en la antigua capital de los zares.

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