Ciudadano Welles, fascinación de Pou

Autor: Richard France. Versión de: Esteve Riambau. Coproducción: Teatre Romea, Stage Door y Grec´08. Intérpretes: José María Pou y Javier Beltrán. Dirección: Esteve Riambau. Lugar: Teatro Alhambra. Fecha: domingo, 7 de febrero de 2009.

Se abre el telón y ahí está: el teatro de toda la vida. El actor maduro de renombre, crecida la pancha, el pelo, la barba, fumando un habano, dejando a la vista sus enormes manos bajo una túnica roja, caracterizado Pou, orsonwelles-izado; el decorado reproduciendo de forma realista la sala de grabación y la pecera del técnico de una emisora de radio, lugar en donde transcurre la obra; el actor joven, novel que da la pequeña réplica al gran protagonista como técnico de sonido; y un texto monologado, a fin de cuentas aunque se calce -aquí y allá- como dialogado, de Richard France en versión de quien dirige, Esteve Riambau.

Con ocasión del estreno, en 2008, la editorial catalana Arola publica el texto -traducido, pulido para la escena- en versión de su director. El texto es absolutamente fiel al montaje, no sé si tanto al original, el caso es que ahí -entre texto y acotaciones- está todo aquello que se verá luego volcado en escena. La traducción es fluida, directa, salvo un "señorita de compañía" que chirría más a textualidad que a palabra viva en boca de Welles. Un texto interesante que va desmembrando todo un anecdotario biográfico, de quien es especialista en la materia y llegó a ser amigo del genio y carácter que llamaba a su Quijote inacabado il mio caro bambino.

Una quisiera ver en escena al ciudadano Welles, pero no puede abstraerse de Pou, de la fascinación de ver al 'Actor' en faena. Comoquiera que sea asoma este Moby Dick que se gana la vida en la radio grabando anuncios que llama de mierda -guisantes, laxantes, comida para perros- recién cumplidos los 70, perdida ya la voz de oro, carrasposa, áspera divagando sobre pasajes de su vida mientras espera que suene el teléfono con la llamada del último "caballo blanco", el productor que le permita terminar su eterno proyecto fílmico inacabado: Steven Spielgberg, financiando El Quijote de Welles.

Cuenta en su charlita El Niño Prodigio de La guerra de los mundos y Ciudadano Kane que pasó fulminantemente a convertirse en 'El Fracasado más Joven del Mundo' tras el escándalo de La guerra y su defensa por la radio de un joven negro al que un policía del Sur arrestó ilegalmente y agredió brutalmente dejándolo ciego. En el segundo acto arremete contra los amigos de Hollywood que "se denunciaron entre ellos -ante el Comité de Actividades Antiamericanas- con tal de salvar sus piscinas"; la necedad de los productores a la caza del taquillazo y su culto burdo a la novedad más aparente; carga, contra los críticos, los académicos pedantes; todo un rosario de anécdotas que, por acumulación monologada, sin acción, hacen que la obra decaiga bien entrado el segundo acto. Pieza clave para el lucimiento del actor basculando sobre la fascinación que aporta Welles como personaje.

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