Colección Koplowitz: de la celebración de la belleza

  • Una muestra que acoge el Bellas Artes de Bilbao da a conocer en España el patrimonio artístico reunido por la empresaria, un excepcional recorrido por la historia del Arte

Colección Koplowitz: de la celebración de la belleza Colección Koplowitz: de la celebración de la belleza

Colección Koplowitz: de la celebración de la belleza

Sobre un fondo neutro se impone la figura de una dama. La mujer posee una mirada firme, un gesto austero, pero más allá de esa dignidad que exhibe el personaje, la composición atrae al espectador por la minuciosidad con la que su autor ha plasmado los encajes, las joyas, los tejidos, la lechuguilla que rodea el cuello de la noble. Doña Ana de Velasco y Girón, duquesa de Braganza, moriría joven, a los 22 años, pero pese a su breve vida protagonizaría uno de los lienzos más conmovedores en la carrera de Juan Pantoja de la Cruz. El retrato que le dedicó el maestro vallisoletano es una de las joyas que abre la exposición con la que el Museo de Bellas Artes de Bilbao presenta en España la Colección Alicia Koplowitz-Grupo Omega Capital, un recorrido por la Historia del Arte que contempla 90 pinturas, esculturas y dibujos, se inicia con el periodo grecolatino y finaliza en el siglo XXI, con una pieza de Anselm Kiefer fechada en 2014.

La "búsqueda de una belleza equilibrada, de raíces clásicas" es uno de los hilos conductores que atraviesa el conjunto, como apunta Almudena Ros, conservadora de estos fondos y comisaria de la muestra, para quien el patrimonio artístico reunido por Alicia Koplowitz conforma "una colección con alma, de marcada y reconocible personalidad, gracias a su creadora, una verdadera coleccionista fiel a su propio criterio". Unos óleos del italiano Pietro Antonio Rotari, tan singulares como dotados de encanto, Pareja de retratos de un niño y una niña con un libro y otra pareja de jóvenes, La voluptuosa y La ensoñadora, sugieren por ejemplo que Koplowitz no se ha decantado únicamente por los grandes nombres y las opciones más evidentes.

Goya, Picasso y De Kooning son los artistas con mayor presencia en la exposición

Una selección en la que conviven autores españoles, europeos y norteamericanos de diferentes etapas -una senda que va desde la serena devoción de Zurbarán o Morales hasta la poderosa personalidad de Louise Bourgeois o Ai Weiwei-, con piezas en las que Miguel Zugaza percibe "esa verdad que desde los griegos llamamos belleza". "Cada una de las obras, ya sea moderna o contemporánea, abstracta o figurativa, es como una estrella dentro de una pequeña constelación formada por los más ricos y diversos materiales: mármol blanco, madera, óleo, tela, hierro, cobre, tabla, bronce, papel... en los que se expresa de alguna manera nuestra admiración a lo mejor de la creatividad del hombre", señala el antiguo responsable del Museo del Prado, que presenta aquí su primer proyecto como director del Bellas Artes de Bilbao.

La muestra, patrocinada por Petronor y abierta hasta el 23 de octubre, refleja para Francisco Calvo Serraller, autor del catálogo, el empeño "excepcional" de Koplowitz, que "en las peores condiciones ambientales", en un país donde "faltan estímulos" para la adquisición de obras de arte, ha reunido una colección "donde todos los nombres, desde el más antiguo al más actual, merecen estar en museos de primer rango", opina el especialista.

Las obras

En su visita, el espectador ya se encontrará en la primera sala con la que será otra de las constantes de la colección: el interés por la representación de lo femenino en el arte. Dentro de esta iconografía estarían los mármoles Retrato de una reina o dos expresiones de Afrodita -una cabeza de la diosa y una escultura de la que sólo se conserva el cuerpo- de los siglos III y II a. C., el mencionado lienzo de Juan Pantoja, la piadosa Virgen vestida de gitana con el Niño del aspa del divino Morales o una entrañable Virgen con el Niño Jesús y San Juanito, una escena en la que sobresale la expresividad que Zurbarán otorga al rostro del bebé.

La colección, que ya protagonizó una muestra de menores dimensiones en el Musée Jacquemart-André de París, continúa con la pintura de vistas de Francisco Guardi y Canaletto o los pasteles y dibujos de Tiepolo, aunque reclama la atención de esas primeras salas la presencia de cuatro obras de Goya. Entre ellas, la imponente Maja y celestina al balcón, un sugerente lienzo en el que una joven atrae la luz en una escena marcada por los tonos pardos y grisáceos, y la asombrosa Asalto a la diligencia, "uno de los encargos que la Duquesa de Osuna, una mujer con una gran formación intelectual, hizo al pintor -cuenta Almudena Ros- y en el que Goya introduce temas contemporáneos como el miedo y la violencia en un paisaje, digamos, rococó". El siglo XVIII, junto con el XX, es el que más peso tiene en la selección. "Esta preferencia no es casual", prosigue la investigadora, "ya que es un momento en el que se comienza a mirar la Antigüedad clásica, el tiempo en el que se incorpora la mujer a la vida pública, cuando se sientan también las bases de nuestro mundo moderno".

La aproximación al siglo XIX, con menos relevancia en el recorrido, se reserva sin embargo obras maestras como la impresionante La lectora de Toulouse-Lautrec -otro evocador retrato femenino-, Naturaleza muerta, jarrón con claveles de Vincent van Gogh o Mujeres a la orilla del río, de Paul Gauguin.

Con la entrada en las vanguardias irrumpirá Picasso, el autor más representado en la colección junto con Goya y De Kooning. En la muestra, el malagueño, cuya Cabeza y mano de mujer se ha elegido como portada del catálogo, entabla un diálogo con otros creadores como Egon Schiele, presente con las sofisticadas Mujer con vestido azul y Mujer con cabello rubio desnuda agachada y apoyada sobre el brazo izquierdo, o Amedeo Modigliani, que despliega su melancólica belleza en La pelirroja con el colgante.

Porque otra de las claves de Colección Alicia Koplowitz es el encuentro entre la creación más próxima y lo internacional: la exposición coloca también a Juan Gris, Antonio López, Millares, Tàpies o Sicilia, entre otros artistas, en una conversación con genios procedentes del extranjero, y de la talla de Francis Bacon, Cy Twombly, Lucian Freud, Piet Mondrian o Lucio Fontana.

Así, del clasicismo a la vanguardia parisina, el arte figurativo, el informalismo o el expresionismo, la colección -que entre sus rasgos singulares tiene también una decidida apuesta por la escultura, con piezas de Gargallo, Calder, Giacometti u Oteiza, entre otros-, dispone un viaje por sensibilidades y escuelas diversas, que la coleccionista hermana en un mismo discurso, el de la conmovida celebración de la belleza.

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