Comedia agridulce y final feliz

El guión de Bernard Slade, Same Time, Next Year (El próximo año a la misma hora) es el punto de partida que sirve a Antonio Hernández Centeno para idear esta comedia de amor con tintes agridulces que se pasea por los últimos treinta años de la historia de España. Ambientada entre los años 1977 y la noche de fin de año de 1999, ¿Próxima cita? Hotel Paraíso va ensamblando en un solo espacio dramático -la privacidad de una habitación de hotel- a lo largo de seis escenas, la historia de un adulterio y la de un país.

Aurora y Francisco, la pareja de amantes, acuden puntualmente a su única cita anual para fundar un espacio paradisíaco, clandestino y cómplice que si bien se pretende construir como un aparte en sus vidas, al margen de sus matrimonios, hijos y cotidianidad respectivas, sin embargo, no deja de dar cuenta de todo ese resto que, precisamente, busca dejarse a un lado. Año tras año, no son pues los mismos, pero siguen acudiendo al mismo sitio, a un mismo encuentro repetido.

La puesta en escena reproduce literal y simbólicamente bien la búsqueda de lo mismo invariable al paso del tiempo, muestra una única escenografía para la habitación de hotel. El anacronismo que implica una misma decoración independientemente del paso de veinte años, simbólicamente funciona: los personajes se anclan subjetivamente al espacio emocional que fundan en el primer encuentro.

Un espacio que se nos muestra con paredes y mobiliario de cartón-piedra cubierto por aquellos papeles pintados tan populares en los 70. Una escenografía sencilla y colorista recrea acertadamente de una forma no-realista una habitación sin lujos, allí toman el protagonismo la palabra y los intérpretes.

Hotel Paraíso se deja ver fácilmente gracias al trabajo preciso de sus intérpretes, abarcan bien los registros cómicos y dramáticos, difíciles porque sobrevienen en ocasiones sin apenas tránsito. Las seis escenas en las que se estructura la obra coinciden con seis encuentros de los amantes en un periodo que abarca 20 años.

Escénicamente se resuelve con proyecciones que ilustran el año en cuestión funcionando a modo de separatas, un acierto de los responsables.

El diálogo de los personajes incorpora acontecimientos políticos e históricos relevantes también en la privacidad de los sujetos; la tentativa de Golpe de Estado, el boom empresarial de los años 80, la progresiva emancipación de la mujer, la masacre del atentado de ETA en unos grandes almacenes de Barcelona, la llegada al poder de Aznar. Tal vez, la trama en ocasiones, riza el rizo, pero es una pieza bien construida que despliega humor sin estridencias, dosifica bien la dosis justa de dramatismo y concluye con un final vitalista.

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