Confusión global

Todavía hoy lunes deben andar los miembros de Asian Dub Foundation en Granada recuperándose de la fiesta de cumpleaños de uno de sus miembros. Ya antes de venir habían pedido al promotor que les reservara un local en el que celebrarla la noche del domingo al lunes. Aunque ya la del sábado liaron una buena verbena en una sala El Tren en la que completaron el aforo y no dieron tregua al personal al que pusieron a bailar de principio a fin de su show. Una chica que sufrió un esguince, volvió a la pista después de aplicarse hielo sobre el tobillo, en su afán por amortizar el precio de la entrada y por aprovechar la marcha sin cuartel que proponía el grupo.

Por un día la sala se convirtió en uno de esos bulliciosos barrios londinenses donde los turbantes de los inmigrantes indios, bengalíes y pakistaníes predominan sobre los pecosos pelirrojos británicos. Como el de Farringdon, donde hace quince años iniciaron su andadura cuando Aniruddha Das y el dj John Pandir se encontraron con un aún imberbe rapero llamado Deedar Zaman durante unos talleres sobre nuevas tecnologías aplicadas a la música, destinados a los jóvenes de origen asiático y que se impartían en la Community Music House del barrio. En ellos los dos primeros impartían sus enseñanzas y el tercero acudía como alumno cuando decidieron dar forma la proyecto que bautizarían como Asian Dub Foundation, no sin antes cambiar sus nombres por los alias de Dr. Das, Pandit G y Master D, respectivamente. Desde entonces, y tras completar la formación con el guitarrista Chandrasonic, su explosiva mezcla de ritmos bengalíes, electrónica de batalla y militancia urbana, con detalles de rap o de reggae, no ha dejado de cautivar a colectivos de luchadores contra el racismo, miembros de los grupos anti-fascistas y anti-globalización así como hedonistas de la pista de baile en general.

En su propuesta, tan relevante como el aspecto lúdico es el elemento político y reivindicativo, que incorporan a sus hipnóticas composiciones. Una sucesión de ritmos tribales que funcionan como un mantra acelerado en cuya espiral el público acaba poseído y atrapado. La energía fluye desde el escenario hacia la sala y de ésta vuelve a los músicos.

Los más madrugadores tuvieron la oportunidad de calentarse antes con la música de los debutantes madrileños Base Lab, un grupo también adscrito a los llamados ritmos urbanos, que desde posiciones similares a los propios Asian Dub Foundation, echan mano del rap o del drum'n'bass para desarrollar la música frenética, combativa y enérgica de su recientemente publicado primer album.

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