Cosas nunca oídas ni vistas

  • Marineros y religiosos fijaron por escrito sus experiencias

Las escrituras que describen las experiencias del hombre europeo en el continente americano contituyen un patrimonio documental de excepcional importancia. Hasta ahora se habían considerado bien como fuentes de información para una historia de los descubrimientos (recordemos la extraordinaria labor desarrollada desde la cátedra homónima por Francisco Morales Padrón), bien como privilegiados ventanales desde donde asomarse a la imaginación de los protagonistas de estos mismos periplos (en los trabajos pioneros de Edmundo O´Gorman o Serge Gruzinski).

El libro que destacamos esta semana plantea una lectura novedosa y original de este rico material en gran buen parte ya conocido (los repertorios de cartas, las crónicas de Indias), que se completa con una amplia colección de literatura memorialística (diarios, relaciones) a la que se había prestado escasa atención. La idea es conceder al hecho de la escritura el protagonismo en la construcción misma del mundo atlántico, una realidad cultural que irá definiendose sobre la base de las experiencias de aquellas primeras miradas de los soldados, aventureros y letrados que sobreviven en un medio ignoto y, a menudo, hostil. Hombres cuyo equipaje mental hablaba de fábulas y dorados, pero que pronto tuvieron que adaptarse a una realidad que superaba todos los patrones heredados por su magnitud y rareza.

El autor, consciente de esta dificultad, comienza situando al lector en el contexto de la teoría sobre los sentidos del humanismo que dio la primacía a la vista sobre la tradición oral. Los conquistadores como Bernal Díaz del Castillo autorizaban sus relatos proclamando: lo vide y estuve allí. Un orgullo que llegó a convertir la sencillez de la prosa documental en acicate para un público lector que cansado de las fórmulas retóricas deseaba saber de lo nuevo y, como sospechaba Núñez Cabeza de Vaca, entretenerse con las vueltas de la fortuna.

Vicisitudes y peligros infinitos que fueron un argumento permanente del conquistador para adornar su hoja de servicios y poder reclamar premios y honores de la Corona. Los capítulos II y III del libro se ocupan de este pulso entre el individuo y el poder que se advierte desde los tiempos de Cristóbal Colón y que tuvo en el visionario Pedro Fernández de Quirós, el explorador de las islas Salomón, uno de los pugilatos más famosos. Quirós quiso convencer a las autoridades de la existencia de ese gran continente austral del que hablaban los escritores antiguos pero murió sin lograr su propósito.

El control que desde las reformas de Juan de Ovando se ejerció sobre la información que procedía de las Indias restó espontaneidad a las relaciones pero no consiguió anular la vida que se colaba entre los pliegos de papel, billetes y cartas personales. Un mundo en sí mismo que el autor examina en la segunda parte del estudio, ampliándolo a la lectura de libros, cuya huella puede también rastrearse en este caudal de escritos que ahora empezamos a conocer.

Etiquetas

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios