Cristina Branco trasporta la cultura portuguesa con el fado

Cristina Branco, una de las más renombradas fadistas de la actualidad, nos ofrecerá esta noche en la Huerta de San Vicente una interpretación de los fados en la que el respeto por la tradición va de la mano con el deseo de innovación y originalidad. La cantante estará acompañada al piano por Ricardo Días, a la guitarra portuguesa por Bernardo Couto y al contrabajo por Bernardo Moreira, en un concierto que comenzará a las 22.00 horas.

Branco inició su carrera en 1996 en Ámsterdam. Hoy cuenta con trece discos grabados y ha realizado cientos de emocionantes conciertos en salas de todo el mundo. Actualmente está llevando a cabo la gira de presentación de su último trabajo: un triple CD en el que nuevos temas se unen a la lista de grandes canciones extraídas de sus trece discos, que sumados a los ideales estéticos, interpretativos, y a la vida de Cristina Branco, dan como resultado Idealist.

Cristina Branco nació en Almeirim (Portugal). Desde que era pequeña se había sentido atraída por la música, pero prefería las canciones de Billie Holiday, Ella Fitzgerald o Janis Joplin, que de la renombrada cantante de fado Amália Rodrigues. Cuando, por su 18 cumpleaños, su abuelo le regaló una cinta de canciones inéditas de está diva del fado, su opinión cambió, interesándose por el fado como un fenómeno musical de raíces tradicionales profundas.

Para aquellas personas no conocedoras de esta música, es la expresión musical más representativa de Lisboa. Se trata de una música melancólica y nostálgica, con rasgos parecidos al tango, en la que las letras hablan de tristeza, melancolía, nostalgia.

Meses antes de subir por primera vez a un escenario, Branco utilizaba el fado como una manera de pasar el tiempo o liberar sus emociones; nunca se había considerado a sí misma como una cantante aficionada. De hecho, quería ser periodista y tal vez este sea el motivo por el cual siempre le ha dado mucha importancia a la letra de sus canciones. En ellas incluye poemas de algunos de los mejores autores portugueses como Camões, Pessoa o David Mourão-Ferreira; y otros de diversos países. Por ello, se dice que esta cantante convierte el fado en una especie de representante de la herencia poética y literaria de Portugal.

Con el objetivo de darle la importancia que merece, Cristina muestra una consciente preocupación por la claridad de la expresión, de modo que, cuando canta un poema, su voz parece dar forma a su propia alma.

Sin buscar ningún tipo de ruptura con la tradición, Cristina Branco le da nueva vida al fado con su originalidad. No obstante, en todas sus grabaciones ha tratado de crear una relación fructífera entre la letra y la musicalidad del fado.

Gracias a cantantes jóvenes como Cristina Branco que, desde mediados de los 90 han encontrado en el fado su manera de expresarse, esta forma de canción lisboeta ha experimentado una importante revitalización, esencial para que este arte no desaparezca.

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