Crónicas literarias

Crónica de un crimen en Granada

  • El granadino César Girón ha ganado el Premio Internacional de novela negra Ciudad de Carmona con una obra, 'Caso cerrado' (Almuzara), que aborda la crónica de sucesos de nuestra ciudad.

Cierto escritor, muy famoso él, confesó en cierta ocasión no haber sentido la tentación de la poesía antes de haberse instalado en nuestra ciudad, ya crecidito. Una vez aquí, este escritor que digo -famoso, he dicho- ha cultivado el verso con fruición y ganado prácticamente todos los premios habidos y por haber en las vestes de bardo. La moraleja de esta fábula con happy end sería: "El poeta no nace, se hace". Nada que objetar, si no fuera porque el susodicho escritor remató la faena calificando Granada de "Tierra de poetas"; un añoso, rijoso y espinoso tópico que impele a la reflexión. Esto de Granada como parnaso andaluz tiene su retranca. De primeras, lo llevaría a uno a pensar en la poesía como una especie autóctona -imaginemos una planta de flores púrpuras y pétalos carnosos- bendecida por las aguas de Sierra Nevada y mecida por la brisa de La Vega, que en el período de floración lanza al aire densas bocanadas de polen que afectan a los organismos mejor predispuestos.

De segundas, éste que escribe, mal pensado como es, se ha preguntado si la perpetuación del tópico no responderá en cambio a intereses corporativos; la solicitud a la Unesco de que Granada sea reconocida como Capital Mundial de la Poesía parecería apuntar en idéntica dirección. O sea, el arriba firmante se pregunta si eso de "Granada, tierra de poetas" no convendrá exclusivamente al gremio de los rapsodas a fin de mantener social y económicamente un feudo propio en mitad del maremagno reinante. Y los demás -como diría Andrea Fabra, diputada del PP y amante de los apotegmas- que se jodan… El caso es que la nómina de novelistas y cuentista granadinos no deja de crecer. Cito -a bote pronto y sin ánimo de exhaustividad- a Carlos Almira, Miguel Ángel Cáliz, Herminia Luque Ortiz, Ángel Olgoso, Francisco Ortiz, Alejandro Pedregosa, Alfonso Salazar o Miguel Ángel Zapata, entre otros muchos. A los cuales habría que sumar el nombre de César Girón, que se ha alzado recientemente con el Premio Internacional de Novela Negra Ciudad de Carmona con su segunda incursión en dicho género.

Caso cerrado (Almuzara) confirma además las enormes posibilidades narrativas de nuestra ciudad, un espacio monopolizado por princesitas cristianas que abrazan el Islam por amor (o por un repente) y príncipes nazaríes que lloran como mujeres lo que no supieron defender como hombres, no sé si me explico. César Girón nos lleva a 1969, cuando los principales periódicos de tirada nacional eran el ABC y El Caso -portavoces de la España más rancia y tremendista- y la gente escuchaba la radio sentada a la mesa camilla, alrededor del brasero, y se pagaba en pesetas, no en euros, y la Unión Europea era un proyecto en marcha en el cual no teníamos cabida. El dictador seguía en el poder y en sus trece -no "en sus cabales"-, aunque nuestro país ya apostara por el desarrollismo y se abriera poco a poco, paso a pasito, al influjo extranjero. En aquella Granada de 1969 aparece muerto un hombre en el río Darro, a los pies del bosque de la Alhambra. La policía tiene un culpable, Andrés Pineda, un tullido que se ganaba cuatro perras como guardacoches en la zona de Plaza Nueva; el inculpado confiesa haber empujado a la víctima en respuesta a una agresión de ésta; la muerte ha sido accidental. El abogado criminalista que se ocupa de su defensa, Celso Costa, se huele gato encerrado.

A pesar de lo novelesco de la trama, la realidad se impone de manera terminante. César Girón, abogado además de novelista, confiesa que el punto de partida de la ficción lo ha tomado de la crónica de sucesos granadina y, más en concreto, de su memoria personal. Siendo niño, él y otros amigos descubrieron un cuerpo en el cauce del río. La primera explicación -que se tratara de un simple maniquí- respondía al deseo oculto de no enfrentarse a la enormidad del hecho. Uno de los chiquillos se acercó para cerciorarse: No, no era un maniquí. El cadáver pertenecía a Manuel Casado García y un guardacoches de cojo de Plaza Nueva fue acusado de su muerte. Aquella historia aguardaba al narrador que la contase… Desgraciadamente, la crónica negra de nuestra ciudad no parece decidida a remitir. Mientras leía Caso cerrado, saltaba a los titulares de prensa el estremecedor asesinato de la letrada Rosa Cobo, hallada muerta en el maletero entre los restos calcinados de su vehículo; el presunto homicida es un policía local, cliente suyo, que intentó suicidarse a continuación.

No señor, no. No corren buenos tiempos para la lírica.

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