Cuestión de herencia Oscuras melodías adictivasDe cómo investigar jugandoReticencias disipadasUn diablo divino

  • Tras su homónimo álbum de 2005, Martha Wainwright revalida su valía más allá de las inevitables comparaciones

En unas coordenadas estilísticas similares a las de su célebre hermano mayor, Rufus Wainwright, a quien además acompañó sobre los escenarios durante una larga temporada, Martha Wainwright debutó en largo el pasado 2005 con un álbum de título homónimo que confirmó lo hereditario de unas dotes para la interpretecación recibidas tanto por vía paterna -Loudon Wainwright III- como materna -Kate McGarrigle-, ambos, como es bien sabido, ilustres folkies.

A nadie se le escapa que el interés concitado sobre aquel disco respondió en buena medida al parentesco de la protagonista, un gancho de doble filo con tantas ventajas -promoción automática- como inconvenientes -inevitables comparaciones-. Sin embargo, aun atraído por esa razón, el oyente no tardaba en comprobar que Martha Wainwright maneja elementos de sobra para, a partir de ahí, llamar la atención por sí misma. Entre éstos habrá que apuntar un sarcástico sentido del humor y una voz poderosa y versátil que se crece en los agudos provocando auténtico pasmo.

De lo primero, sin ir más lejos, da ya buena cuenta el propio título de esta segunda entrega, I Know You're Married But I've got Feelings Too, mientras que de lo segundo deja constancia a lo largo de sus trece cortes, doce originales más una sorprendente e inesperada versión de See Emily Play de Pink Floyd en la que colaboran su señora madre, su señora tía Anna McGarrigle y hasta una prima, Lily Lanken.

Bien surtido de ayudas instrumentales por parte de ilustres amistades -entre otros, Pete Townshend en You Cheated Me; Donald Fagen en So Many Friends y el hermano Rufus en In The Middle of The Night- y puesto en manos de un diverso espectro de productores -entre ellos, Tore Johansson, Martin Terefe y Brad Albetta, este último ex marido de la Wainwright, a quien el matrimonio le ha durado menos de lo que va de un disco a otro-, a I Know You're Married But I've got Feelings Too se le adivinan hechuras de gran disco, un perfil de apuesta a por todas con la comprensible intención de despejar el camino de la cantante y compositora de esas inevitables comparaciones a las que antes me refería.

De este envite sale Martha Wainwright reforzada y victoriosa, pues incluso cuando más recuerda a su hermano -la postrera I Wish I Were- despliega tal arsenal de recursos vocales que nos hace dudar sobre cuál de los vástagos de aquel otro matrimonio también mal avenido resultó más agraciado en el reparto de bienes. Y decir eso no es decir poco.

No disponible en formato físico hasta el próximo mes de junio, pero ya en descarga en iTunes, la cuarta entrega larga de Ladytron comienza con Mira Aroyo cantando en búlgaro un corte tan oscuro como su título, Black Cat, para pegar luego el salto a la que bien pudiera ser considerada una de las grandes canciones del año, Ghosts: más oscuridad, en esta ocasión revestida de guitarras glam -una presencia potenciada a lo largo de todo el disco-, electrónica contundente y una melodía adictiva. Es el corte que marca la línea de un título tan espléndido, si no más, que los anteriores.

Todavía reciente el eco de aquel álbum registrado junto a Apparat, Orchestra of Bubbles (2006), y recién editada su inmisericorde contribución a la serie Boogybytes, el Vol. 4, Ellen Allien vuelve a la carga con Sool, una huida hacia adelante por los terrenos del techno experimetal en la que, haciendo honor al adjetivo, la berlinesa investiga y juega con texturas y timbres sin perder de vista -acaso sólo en la muy urbana introducción o en esas calmadas maravillas que son Frieda y Zauber- el objeto último de su escapada: la pista, peculiar, eso sí.

Con una formación considerablemente menguada respecto a la que conocíamos, y que hace cinco años nos dejó la última entrega de la banda antes de que Stuart Stapples probara suerte en solitario, este retorno de Tindersticks, sin la presencia de uno de sus pilares, el violinista Dickon Hinchcliffe, puede inducir equívocos. ¿Por qué ahora? ¿Falta de liquidez? Las reticencias comienzan a disiparse con Yesterday Tomorrows y en The Flicker of a Little Girl ya se ha evaporado. Estamos lejos, claro, de sus títulos mayores, pero los seguidores lo agredecerán.

Qué llevó a The Notwist del hardcore a la perfección pop de una canción como Good Lies es materia digna de análisis. El giro, en cualquier caso, viene de lejos y nos ha dejado ya discos tan buenos y ajenos a la percepción habitual de la indietronica como Neon Golden (2003). A The Devil, You + Me la electrónica no llega hasta después de demostrarnos la capacidad antes comentada, pero cuando aparece lo hace con un corte del calibre de Where in This World. Luego se suceden desde extraños aires de bossa -Gloomy Planet- hasta raras coincidencias -¿qué hay de flamenco en On Planet Off? Algo-.

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