Cultura a mil revoluciones

  • El primer día del Hay Festival en Granada dejó claro que la cultura, igual que cualquier producto de consumo, puede mejorar con una presentación y un formato novedoso y ameno

Los grandes pensadores no son ogros. Y los encuentros literarios no tienen por qué aburrir hasta a la especie ovina. Son las grandes conclusiones del primer día del Hay Festival en Granada. Incluso la mesa redonda en torno a Francisco Ayala fue la más amena de las que se recuerdan pero sin perder para nada la mirada crítica. Pero, a la vez que los ponentes arrojaron luz sobre los vericuetos intelectuales del autor, recordaron anécdotas como la afición de Ayala por tomar un güisquito después de cenar. "En el último cumpleaños nos mandaron botellas y botellas", recordó su esposa, Carolyn Richmond.

El Hay Festival ya ha demostrado ser un soplo de aire fresco y ha desterrado el olor a naftalina que a muchos les invade al escuchar la palabra 'cultura'. Lo demostró Umberto Eco en su encuentro con los medios de comunicación. Muchos acudieron temerosos por la fama del intelectual italiano pero su sonrisa y sus bromas acabaron por hacer de la rueda de prensa un café entre amigos. Eco lanzó puyas al Vaticano, a Berlusconi y lanzó pequeñas 'maldades' con una amplia sonrisa. Lo mismo sucedió con la gran partida de ajedrez colectiva que podría haberse titulado Todos contra Boris Spassky. Cerca de medio centenar de curiosos quisieron ver de primera mano si entre la veintena de los que retaron al ajedrecista surgía un émulo de Bobby Fisher. También Tariq Ramadán desmintió tópicos, en su caso sobre la mirada europea al Islam.

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