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Dar a ver lo que nos es dado

  • Rosaura Álvarez presenta esta tarde en La Madraza 'Con arrimo', un homenaje de la escritora y poeta granadina a sus maestros y amigos.

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Dar a ver lo que nos es dado

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Acaba de aparecer en la colección Mirto Academia un nuevo libro de Rosaura Álvarez cuyo título, Con arrimo, que encuentra en la glosa de San Juan de la Cruz, ajusta a la perfección con su contenido, pues "hace tal obra el amor", "el amor da tal vida". Su tema, la veneración y el amor a maestros y amigos, se presenta como claro testimonio de la fortuna y el privilegio que la autora ha recibido por haberlos conocido y querido, acercándonos a cada uno de ellos con certeras, temperadas y lúcidas palabras, que recuerdan la ejemplaridad de sus vidas y obras en piadoso ejercicio de agradecimiento, connatural a su magnanimidad.

Rosaura, una vez recibido el don correspondiente de la sabiduría de cada uno de sus maestros y amigos, que son tantos y tan diversos cuantos los dolores y goces de la vida, en su condición de poeta es capaz de expresar a los demás la intuición del misterio que sustenta a cada uno con palabras encendidas de eternidad y, artesana de la alabanza y la glorificación, se entrega en las páginas de Con arrimo a descubrirnos sus cualidades anímicas, dándonos a ver lo que le fue dado, que siempre es dado, aunque mucho se luche para que aparezca.

El libro se estructura en tres compartimentos; en el primero, los estudios; en ellos Rosaura profundiza particulares aspectos de cada una de las personalidades que analiza, por ejemplo, las impresiones que Granada provocó en Juan Ramón Jiménez, patentes en el romance Generalife de Olvidos, donde el poeta abandona el eros adolescente de raigambre becqueriana y entra de pleno, entre sombras brillantes, aguas musicales y nenúfares carnosos, una vez superada la sensación, en el soplo y tacto mágico y nuevo de la contemplación, capaz de desnudar a las palabras para que irradien el resplandor y la exactitud verbal de su esencialidad pura; también recrea el arcángel epiceno de San Miguel Alto en el poema lorquiano del Romancero gitano. Mayor espacio dedica la autora al dibujo de su maestro Valentín Ruíz-Aznar, músico de quien recoge y analiza su perfil humano, su estética y sus gustos musicales y literarios, y a Juan García Padial, poeta de las aguas y primer ductor de Rosaura en el aprendizaje del arte de la palabra. Muy clarificadoras resultan las páginas dedicadas al soneto "Dafne" de Elena Martín Vivaldi en el que resalta "su interior expresión poética: sentimiento de amor frustrado, pasión por la naturaleza, mirada femenina", al compararlo con el de Garcilaso. En Emilio Orozco destaca el "gustoso saboreo" del zumo de las granadas de los paradisiacos cármenes que el sabio maestro realiza en sus estudios sobre el barroco.

El segundo apartado, Semblanzas y dedicatorias, recoge un centón de poemas dedicados a sus amigos del pasado: Cervantes, A. Machado, F. García Lorca, o contemporáneos: E. Martín Vivaldi, J. A. Egea, A. Carvajal, R. Guillén, J. Alfonso García, M. Salinas o J. C. Friebe entre otros. En estos versos siempre logra captar finos matices del amigo aludido que queda conjuntado con el sentimiento o concepto a que la autora se refiere en cada uno de sus acordados cantares.

En la parte final, Necrológicas, se recogen los recuerdos de amigos o maestros en el momento de su despedida: A. Soria Ortega, J. M. Pita, P. Izquierdo, J. Alfonso García, J. J, León…. ese instante incompartible de cada existencia, esa sola soledad final que los clásicos entendían como la exacta continuación de la vida: "Sicut vita, mortus ita" y en el que Rosaura los acerca a nuestra presencia para darles nueva vida recordándonos sus obras, donde siguen existiendo y desde donde reclaman nuestra verdadera amistad, tal como lo dejó escrito en su epitafio el pájaro pinto, José Bergamín: "Amigo que no me lee / Amigo que no es amigo / Porque yo no estoy en mí / Sino en aquello que escribo".

Además de la amistad y el magisterio, la nota común de cuantos personajes aparecen en Con arrimo es la de compartir un espacio, bien por origen, destino, elección o interés creativo: la ciudad de Granada, que a todos ellos deja marcados indeleblemente con la virtud peculiar del granadinismo y que Rosaura apunta y significa en cada uno de ellos.

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