'Dernier maquis' completa la trilogía de Ameur-Zaimeche

  • El director argelino aborda la inmigración como un "homenaje a la nueva clase trabajadora de Europa"

La película Dernier Maquis (El último combatiente), la segunda que concursa en la sección oficial del Festival Cines del Sur, cierra la trilogía del director argelino Rabah Ameur-Zaimeche sobre la inmigración, con una reflexión sobre la lucha de clases del nuevo proletariado europeo.

La cinta, que se proyectó ayer en la segunda jornada del festival, es un "homenaje a la nueva clase trabajadora de Europa, en la que los agentes sociales han sido negados y no tienen visibilidad", según explicó el director. Ameur-Zaimeche presentó así el último capítulo del tríptico formado por Wesh Wesh, qu'est-ce qui se passe? (2002) y Blend Numer One (2006), que participó en la pasada edición del Cines del Sur.

Denier Maquis presenta un decorado cubierto de un rojo uniforme formado por montañas interminables de palés de madera en el que trabaja un grupo de mecánicos inmigrantes. Su patrón, Mao, interpretado por el propio director, intenta lograr la paz social en la cuadrilla acometiendo la construcción de una mezquita, aunque los problemas surgen cuando decide nombrar al imán sin el consenso de los demás.

Según Ameur-Zaimeche, desde la Revolución Industrial, los patronos han intentado manipular a las masas obreras por medio de la religión, ya que incluso entonces, con mayoría de católicos, se construían iglesias junto a las fábricas y se despedía a los trabajadores que no acudían a misa los domingos. "Hoy en día se intenta controlar a la religión imperante entre el proletariado: el Islám, así que no hay nada nuevo", recordó el director, para quien la cinta busca "escapar del academicismo cinematográfico" e incitar a la "reflexión sin ningún tipo de prejuicio".

Del mismo modo, recalcó que la película refleja cómo cada colectivo de inmigrantes se ha adaptado de una forma a la vida en Europa, ya que los magrebíes, que llegaron hace un siglo, han adquirido el pensamiento europeo y aparecen más combativos en la cinta, mientras que los subsaharianos, con menos "experiencia" en el continente, aparecen agradecidos ante el gesto del patrón.

El cineasta Rabah Ameur-Zaimeche, nacido en Argelia pero criado en París desde los dos años, ha reivindicado al aspecto "aventurero" de sus trabajos, que ha calificado como "cine de experiencias" en el que todas las acciones "tienen un sentido", incluso el color rojo de los palés, que puede ser el símbolo de la sangre o de la revolución.

Con ello, busca "elevar la conciencia del espectador" frente al cine "frenético" y de gran acción que se filma en la actualidad, a través de escenas lentas y pausadas que invitan a la reflexión.

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