Después del efecto Guggenheim

  • 'La otra modernidad', de Lunwerg, ofrece un recorrido por los doce edificios más representativos de la arquitectura española de la última década. El 'Cubo' de Campo Baeza es una de las obras seleccionadas

La elección de las obras de arte que pasarán a formar parte del canon que sobrevivirá a la historia es más difícil cuanto menor es el tiempo que separa el instante de la creación y el de la elaboración de la selección crítica. Juan Miguel Hernández León, director de la Escuela de Arquitectura de Madrid, ha emprendido esa complicada tarea y ha elegido los doce edificios realizados en los últimos diez años más representativos de la arquitectura española contemporánea. Una selección en la que ha querido incluir una obra realizada en Granada: el 'Cubo', de Alberto Campo Baeza.

Las otras once obras que conforman el canon de la arquitectura española actual son: la Torre Woermann, de Ábalos y Herreros; el Parlamento de Escocia, de Enric Miralles; el Palacio de Congresos de Castellón, de Carlos Ferrater; el Kursaal, de Rafael Moneo; el Museo Arqueológico de Almería, de Ángela García Paredes e Ignacio García Pedrosa; el Palacio de Congresos de Pamplona, de Francisco Mangado; el Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León, de Mansilla y Muñón; el Museo de la Ilustración de Valencia, de Guillermo Vázquez Consuegra; el Estadio de Fútbol de Lasesarre, en Bilbao, de Eduardo Arroyo; la Terminal de Yokohama, de Alejandro Zaera y el Palacio de Congresos de Mérida, de Fuensanta Nieto y Enrique Sobejano.

Doce obras para otros tantos capítulos que se completan con una introducción que lleva por título La otra Modernidad en la que analiza la tradición y la vanguardia, y la continuidad con la que esta relación se ha desarrollado a lo largo de varias generaciones de arquitectos desde la segunda mitad del XX. En el prólogo se abordan también cuestiones como el "efecto Guggenheim" y el nuevo debate sobre el estilo fruto de la creciente presencia de la arquitectura en los medios y la demanda política de la "siempre inquietante dimensión simbólica de la edificación".

El resultado de su arriesgado trabajo es un magnífico volumen editado por Lunwerg, que lleva por título Arquitectura española contemporánea. La otra modernidad. El también arquitecto Marc Llimargas le ha acompañado en su tarea con la realización de las fotos que completan el análisis de las obras seleccionadas. El dúo ofrece un discurso crítico que se desarrolla como "un diálogo entre la palabra y la imagen", en palabras de Hernández, quien explica así el proceso creativo del libro: "Primero yo escribía los textos y se los daba a Marc. Entonces los discutíamos y, cuando captaba mi lectura, tomaba las fotografías de forma que en ellas quedase trasladado mi relato. Luego, nos sentábamos y seleccionábamos aquellas que resultaban más representativas".

La estrecha colaboración entre Hernández y Llimargas ha hecho posible un libro muy gráfico que, sin renunciar a la rigurosidad, es capaz de explicar con gran claridad todos los conceptos arquitectónicos, de forma que ofrece, según el crítico, un interés historiográfico, didáctico, casi pedagógico: "Hay que entender esta obra como una especie de documental sobre arquitectura, lo que se logra con el montaje de las fotografías, que tendría una voz en off: mi texto".

El germen del libro está en la exposición sobre arquitectura española contemporánea que se exhibió en el MOMA de Nueva Yord en la primavera de 2006: On site: New Architecture in Spain, que estuvo comisariada por Terence Riley. Según Hernández, la muestra planteaba "una visión panorámica sobre la reciente arquitectura realizada en España con una selección de 53 proyectos, algunos todavía en obra y otros finalizados", pero de firmas tanto nacionales como extranjeras. "Nosotros hemos hecho algo distinto: queríamos centrarnos sólo en los trabajos de los arquitectos españoles, pero no sólo en su obra realizada en España, también en el extranjero", aclara el catedrático de Composición de la Escuela de Arquitectura de Madrid.

Sobre el criterio de selección empleado para elegir las doce obras, el autor pone de manifiesto que los edificios "nos se han valorado en abstracto". "Cada una representa una poética distinta", cuenta el director-fundador de la revista Pasajes de Arquitectura y Crítica, para quien cada una de las construcciones elegidas es un símbolo de una corriente diferente. "El Kursaal, por ejemplo, incluye elementos metafóricos en su construcción, a semejanza de las rocas del Malecón de San Sebastián. Rafael Moneo, que es un maestro para los nuevos arquitectos, abre esa posibilidad a las nuevas generaciones de una arquitectura más metafórica. La Terminal de Yokohama, en cambio, representa esa corriente que no quiere plantearse la obra en clave formal porque lo importante es el proceso, los flujos", afirma Hernández, quien añade que esta última tendencia está muy presente en "una de las grandes líneas de pensamiento contemporáneo", aquella que entiende "toda obra de arte como un proceso".

Para el catedrático, colaborador habitual en revistas especializadas, la obra de arquitectura es una "posibilidad de herramienta teórica" que refleja "algunas de las intuiciones del pensamiento contemporáneo".

Sobre la sede de CajaGranada de Alberto Campo Baeza, conocida como 'El Cubo', el crítico dice haberla elegido porque "representa esa línea que toma como referencia la historia para transformarla en clave abstracta". Hernández habla en su crítica de "filiación clásica del edificio" y "referencias romanas", pero Campo Baeza prefiere calificarla como "arquitectura esencial".

"Las cuatro columnas del interior del 'Cubo' tienen la misma altura, el mismo diámetro y la misma distancia entre ellas que las de la Catedral de Granada, pero es sólo una referencia", aclara Campo Baeza, quien matiza que no le gusta asociar su arquitectura a la palabra "clasicismo" porque puede llevar a equívoco: "Cualquiera se inspira en la arquitectura clásica, como ocurre con la literatura y los autores clásicos. El hombre sigue el centro de la arquitectura. Y es el mismo hombre el que utilizaba el Partenón, la Catedral de Granada y el Cubo. El hombre y la relación entre la luz y la gravedad son los dos temas centrales de la arquitectura, sea modernísima o antiquísima".

En opinión de Hérnández, "espesor, peso y textura son cualidades de sabor arcaico que cobran su significado en el modelado específico y las tonalidades que les arranca el artificio de la iluminación natural". Como aclara Campo Baeza, trata de utilizar materiales "con la mayor profundidad, densidad y propiedad posibles", ya que es "el mejor material con el que se trabaja en arquitectura".

El resultado es una obra, considerada como una de las 12 más representativas de la arquitectura española actual, y calificada por Hernández como un proyecto que logra "reinventar lo originario", como una arquitectura "que manipula la luz natural para modelar el espacio" y que "excava los estratos más profundos de nuestra memoria".

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