Docu-drama social

Autores: Moisés Kaufman y Tectonic Theater. Traducción: Jorge Muriel. Interpretación: Ana Cerdeiriña, Mónica Dorta, Iñaki Guevara, Jorge Muriel, Diego Santos, Consuelo Trujillo, Victoria Dal Vera y Antonio Mulero-Carrasco. Dirección: Julián Fuentes Reta. Lugar: Teatro Alhambra. Fechas: sábado 4 y domingo 5 de febrero de 2012.

Basado en hechos reales (estrenado en Nueva York, en el año 2000), el docu-drama norteamericano Proyecto Laramie -ideado por el director de escena Moisés Kaufman y su compañía Tectonic Theater- nos llega traducido y adaptado, una década después, precedido de un notable éxito con multitud de representaciones tanto en Estados Unidos como Europa. La pieza surge a partir del compromiso de la compañía neoyorquina de hacerse eco y denunciar el brutal asesinato, en 1998, de Matthew Shepard, un joven veinteañero homosexual, en manos de dos jóvenes vecinos de su misma localidad, Laramie, un pequeño pueblo de Wyoming. La obra se construye a partir de 200 entrevistas (realizadas a lo largo del año siguiente al asesinato, por los miembros de Tectonic Theater) a implicados, amigos y vecinos de Laramie, una ya por entonces estigmatizada población, acosada por los medios de comunicación y culpabilizada como "comunidad enferma de odio".

Pues bien: la obra es fundamentalmente eso, un docu-drama social, un documento coral, en el que a partir del guión se nos ofrecen las declaraciones -reales- de todo un vecindario, un corpus de hasta 70 personas, retransmitidas por ocho actores, y que va reconstruyendo poco a poco la paliza brutal, la agonía del joven en el hospital, el acoso y asalto de los medios de comunicación a la pequeña localidad, el juicio y condena a los asesinos, las manifestaciones públicas de denuncia junto a otras que apenas velan su cómplice justificación. En traducción del actor y productor Jorge Muriel y bajo la dirección de Julián Fuentes Reta, la pieza me parece ideológicamente simple, dramáticamente plana, en su lógica docu-dramática más próxima o fiel a la ficción televisiva que al teatro de ideas, entre otras cosas porque de principio a fin, Proyecto Laramie sigue resonando igual de "lejos", un producto típicamente USA, de la América profunda. Profundamente creyente -con despliegue de representantes de todas sus iglesias-, de moral profundamente chata, mojigata, sociedad hipertelevisada que hace pasar los intereses mediáticos del show sensacionalista y la parca inmediatez de la retransmisión en directo -con imágenes y entrevistas- por toda realidad. En Proyecto Laramie no hay ninguna densidad discursiva ni, desde luego, psicológica. En este sentido, no tiene nada que ver con la magnífica A sangre fría, de Capote, con la que se ha querido emparentar la pieza. Hay la recreación de una "atmósfera" social (al estilo televisivo) absolutamente dividida, maniquea también, entre individuos tolerantes o intolerantes con la homosexualidad, que la pieza deja ver claramente como "la causa homosexual". Pieza militante, eso sí, pero creativamente, también, plana.

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