Dosis de drama y crítica

Texto: Juan Cavestany. Compañía: Animalario. Intérpretes: Roberto Álamo, Mark Martínez, Luis Bermejo, Víctor Masans, María Morales, Alberto San Juan, Estefanía de los Santos y Luz Valdenebro. Música: Nick Powel. Dirección: Andrés Lima. Lugar: Teatro Alhambra. Fecha: sábado 12 de diciembre de 2009.

El boxeador es siempre símbolo de la virilidad; el ring, de la vida; y una buena historia de boxeadores, la de un perdedor. La literatura y el cine han dado buena cuenta de su fascinación por el box: autores como Cortázar, Hemingway, Bukowski, películas clásicas como Toro salvaje, El hombre tranquilo y otras más recientes como Million Dollar Baby o Ali. En teatro, el ring aparece sobre todo de manera recurrente como puesta en escena, paisaje visual en el que metafóricamente se contextualiza determinada pieza. A Dürrenmat, en Play Strindberg, le llevó dividir en 12 asaltos la dramaturgia para ganar por K.O. al matrimonio como institución. Puestas en escena y obras de autores como Rodrigo García o Angélica Liddell recurren a la figura, el paralelismo boxeo-vida explícita o metafóricamente.

Urtain, de Animalario, con texto de Juan Cavestany, es una pieza que dibuja una semblanza biográfica del boxeador vasco, puesta en escena como una sucesión de escenas cortas a modo de asaltos sobre un escenario-ring, con pretensiones de ir más allá dibujando una semblanza crítica de la España que le tocó vivir y representar, de los años 70 (su carrera abarca de 1968 a 1977) hasta el 92, año fastuoso en el que se suicidó.

La dramaturgia comienza con el suicidio y acaba rememorando su nacimiento, una estructura pobre pero circular. Comienza con el suicidio porque fundamentalmente se centra la pieza, no tanto en la ascensión como en la caída. Al igual que Hamelín o Últimas palabras de Copito de Nieve, Animalario monta de nuevo un drama. Al igual que en Alejandro y Ana, vuelve a incorporar cuatro o cinco filas de butacas -espectadores- situados a ambos laterales del escenario. La pieza está plagada de amagos antiilusionistas, más retóricos que rupturistas: la figura del actor showman presentador, actores trabajando en patio de butacas, canciones y bailes más o menos frenéticos o paródicos formando frisos a modo de separatas entre escenas o contrapunto cómico. Un elenco de ocho intérpretes hacen las veces de Urtain y un sinfín de personajes satélites: el padre, periodistas, amigos, paisanos, camareros, el boxeador Pedro Carrasco, Adolfo Suárez, Vicente Gil, el cantante Raphael, el manager, la mujer, Eugenio el humorista, putas, coro. Y suceden los pequeños cuadros: Urtain en el bar con los paisanos, con su mujer, en el ring, mendigando una fotografía suya en la redacción de El marca, Urtain y sus comienzos como lanzador de piedras, Urtain anunciando Soberano... No creo que esta pieza suba al boxeador ni al hombre a escena, sube al personaje que sirve fácilmente una dosis espectacular razonable de drama y crítica. No roza nuestras vidas, lo aplauden mucho.

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