Dulces ensoñaciones

Como suele ser costumbre, la OCG está triunfando con el festival Música para la escena, que este año ha programado algunas de las obras más representativas de la música incidental de los últimos dos siglos. En esta ocasión han puesto en escena la música que Mendelssohn compusiera para la representación de El sueño de una noche de verano de William Shakespeare. Para ello, la OCG ha contado con el Coro que lleva su nombre, las sopranos Isabel Monar y Mireia Pintó y el actor Ramón Aparicio como narrador, todos bajo la dirección de Jean-Jacques Kantorow.

La primera parte estuvo ocupada por la Sinfonía núm. 4 Italiana de Mendelssohn. El joven compositor escribió esta obra a modo de "cuaderno de viajes" tras visitar diversas localidades italianas dentro de un gran tour que estaba realizando por Europa. Sin duda, ésta es, junto con la Sinfonía núm. 3 Escocesa, muestra inequívoca de la temprana madurez compositiva que estaba adquiriendo Mendelssohn. La frescura de su material temático y la buena factura de sus movimientos la han convertido en una de las piezas más populares del repertorio sinfónico romántico. La versión escuchada a la OCG fue correcta en su interpretación expresiva, aunque adoleció de cierta mesura en los tempi, que en varias ocasiones se antojaron atropellados y faltos de la dulzura que emana la partitura.

La obra principal del programa vino en la segunda parte, dedicada a El sueño de una noche de verano. La génesis de la partitura evoca uno de los pasajes más singulares de la biografía del autor, que compuso su obertura con tan sólo diecisiete años; la perfección de esta obertura tanto en sus proporciones como en la elaboración del material motívico o en la adaptación a su función argumental hacen de ella una de las obras más representativas del catálogo de del autor.

Los acordes iniciales de la obertura son idóneos para describir una atmósfera idílica y fantasiosa de un bosque encantado, marco en el que se desarrollan las peripecias de los distintos personajes. A partir de ahí, Mendelssohn yuxtapone varias unidades temáticas muy originales, algunas incluso reaparecen en los siguientes números de la obra.

La OCG acometió magistralmente la interpretación de esta música incidental, destacando una vez más el buen sonido de la sección de vientos. Los distintos números se intercalaron entre la narración de la historia, declamada con realismo y expresividad por Ramón Aparicio. En lo musical, todos los elementos alcanzaron el más alto nivel interpretativo. Deliciosa fue la intervención de las sopranos en la Canción con coro, tercer número de la suite; igualmente buena fue la intervención de las voces femeninas del Coro de la OCG, dando réplica a las sopranos. Los números se fue ron sucediendo a los anteriores en igualdad de calidad y carga emotiva; cabe destacar la famosa Marcha nupcial, que ha trascendido el marco escénico para convertirse en música ceremonial.

Al final, los tres acordes iniciales cerraron la obra igual que la habían abierto: con una dulce ensoñación a todos aquellos que creen en la magia, en la magia de la música.

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