Crítica de Cine

Egipto recreado como el Hotel Luxor de Las Vegas

dioses de egipto

Fantástico, aventuras, EEUU, 2016, 127 min. Dirección: Alex Proyas. Guión: Alex Proyas, Matt Sazama, Burk Sharpless. Música: Marco Beltrami. Fotografía: Peter Menzies Jr. Intérpretes: Gerard Butler, Nikolaj Coster-Waldau, Geoffrey Rush, Brenton Thwaites, Courtney Eaton, Chadwick Boseman, Elodie Yung, Bruce Spence, Bryan Brown, Emma Booth, Rachael Blake, Robyn Nevin, Goran D. Kleut, Abbey Lee, Paula Arundell. Cines: Kinépolis, Cinema 2000 Neptuno, Cinema Serrallo

.Carlos Colón

Todo empieza con un ladronzuelo robando un traje para su joven amada en un mercado del antiguo Egipto. Todo sigue con un mortal aliándose con un dios bueno, Horus, en la lucha contra otro dios malo, Seth, que ha conquistado el poder sembrando el caos y la muerte. Lo primero podría recordar a las películas de aventuras en agresivo tecnicolor y altas dosis de saltos y piruetas circenses con Sabú o María Montez, tipo El ladrón de Bagdad, Ali Babá y los 40 ladrones, La reina de Cobra o Las mil y unas noches. Lo segundo podría recordar las alianzas y luchas entre los dioses y los hombres en las extraordinarias obras maestras artesanales que para la historia del cine, y sobre todo para quienes fuimos niños en los años 50, tendrán siempre el nombre de Ray Harrysausen: Simbad y la princesa, Jasón y los Argonautas o Furia de titanes.

Podría ser así, pero no lo es. Dioses de Egipto utiliza estos elementos con rudeza digital y sin gracia artesanal, con exceso de efectos y carencia de imaginación. Solo ruido visual y sonoro. Horus es presentado como un gángster en una suite de Las Vegas, rodeado de fulanas.

No hay interpretaciones (ni siquiera la del pobre Geoffrey Rush, incomprensiblemente metido en este Egipto que parece el Hotel Luxor de la ciudad del juego). La banda sonora de Marco Beltrami suma todos los tópicos orientalistas del viejo cine de Hollywood que los maestros componían con más talento y los artesanos con más gracia (recuerda a la parodia de la música de cine bíblico con la que Waxman cerraba El crepúsculo de los dioses). Los pomposos y pretendidamente espectaculares efectos digitales carecen de inventiva fantástica. Todo parece de plástico. Y esta es la única verdad de la película, porque todo es de plástico digital mal usado.

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