Emocionado e intenso homenaje al recuerdo de Ángel González

  • Amigos del poeta como Benjamín Prado, Miguel Ríos, Pedro Guerra, García Montero, Brines o Morente leen los poemas del asturiano

El público puesto pie. Algún que otro olé de reconocimiento. Sobre el escenario, una inmensa foto. Por los altavoces, el eco aún de su voz recién apagada. Amigos abrazándose emocionados a su viuda. Amigos abrazándose a otros amigos. Así concluyó anoche en el Auditorio Manuel de Falla el homenaje que el Festival Internacional de Poesía de Granada rindió al poeta asturiano Ángel González, fallecido en enero de este año e íntimamente ligado a la ciudad. Fue una noche de versos y de recuerdos. Una noche de eterno sabor González, con su imagen y su estremecimiento.

Muchos de sus grandes amigos granadinos y algunos de sus íntimos amigos en Madrid acudieron al auditorio para recitar sus poemas y dedicarle unas palabras a un hombre honesto, afable, buen conversador, que era sencilla, tiernamente feliz escuchando a sus amigos mientras saboreaba un whisky en vaso corto y con dos cubitos de hielo.

Almudena Grandes, Luis García Montero, Francisco Brines, Pedro Guerra, la viuda del poeta, Susana Rivera, Luis Muñoz, Carlos Marzal, Benjamín Prado, Vicente Gallego, Javier Rioyo, Enrique Moratalla, Miguel Ríos, Enrique Morente y Juan Pinilla eran los convocados. No pudo desplazarse hasta la ciudad Joaquín Sabina, que estaba entre los invitados a este acto.

La velada de homenaje comenzó con una actuación de la Orquesta Ciudad de Granada que, bajo la dirección de Pablo González, interpretó la Sinfonía concertante de Wolfgang Amadeus Mozart en un auditorio repleno de público hasta los topes. No en vano, las invitaciones para este acto, que se pusieron a disposición del público el pasado día 5 a través de internet, se agotaron en apenas dos horas.

Antes de la actuación de la OCG, los dos directores del Festival Internacional de Poesía de Granada, Daniel Rodríguez Moya y Fernando Valverde, recordaron cómo González se involucró en el certamen desde su nacimiento, hace cinco años. "En el nacimiento de este festival, hace cinco años", dijo Daniel Rodríguez Moya, "tuvimos un padrino de excepción. Ángel González estuvo en este mismo auditorio recogiendo el primer Premio Internacional de Poesía Federico García Lorca-Ciudad de Granada. Para nosotros fue un referente".

La escritora Almudena Grandes abrió las lecturas recitando los versos del poema Para que yo me llame Ángel González antes de la aparición de la OCG. Luego, tras un breve descanso, comenzó el homenaje al poeta. Sobre el escenario, una pantalla iba mostrando diferentes fotografías del autor asturiano durante sus visitas a Granada, mientras sus amigos subían a recitar sus versos.

Javier Rioyo se congratuló por la enorme asistencia de público al Auditorio Manuel de Falla y, sobre todo, por la cantidad de gente joven que veía, algo que le habría gustado al poeta. "Yo estuve una vez con Ángel González en un concierto de los Rolling Stones", recordó. "Decía que Mick Jagger era como Garbancito, el personaje de esa canción infantil, 'pachaquín, pachacán, Garbancito por aquí, Garbancito por allá', porque Jagger no dejaba de moverse". Rioyo leyó el poema Siempre que lo quieras.

Le siguió en el escenario el premio Lorca de este año, Francisco Brines. "Ángel vivió intensamente hasta el último día", dijo. "Era nocturno, como yo. Nos veíamos siempre de noche. Yo lo veía con García Hortelano y con Jaime Gil de Biedma. Nuestra generación se llamaba la Generación Etílica. Yo jamás he visto a nadie que dialogara como él. Bebía y dialogaba. Atendía a lo que decía otro. Sólo me daba cuenta de que había bebido porque Ángel comenzaba a sesear". Brines recitó Canción de invierno y de verano.

El poeta Carlos Marzal leyó un poema propio, titulado Canción de la marinería al capitán Ángel González, antes de leer el poema Dato biográfico. Benjamín Prado, por su parte, recordó: "Ángel era bueno, irónico, dulce, a veces amargo. A Ángel le gustaba el fútbol, pero no tenía equipo. Le gustaban los niños siempre que fueran de otros. Le gustaba el whisky en vaso corto y con dos hielos. Le gustaba Granada y le gustaba Oviedo. Era triste, pero estaba feliz. Era contento cuando estaba callado". Luego leyó Inventario de lugares propicios para el amor.

Vicente Gallego recitó el poema Ayer mientras Luis Muñoz aseguraba, antes de leer Ya nada ahora, que nunca había conocido a un poeta que se pareciera tanto a su poesía como Ángel González. Luego le tocó el turno a Miguel Ríos y Pedro Guerra. El cantante canario recordó su experiencia con González cuando ambos grabaron el disco La palabra en el aire. "Hicimos pocos conciertos, pero buenos, y uno fue en Granada", dijo. Luego recitó y tarareó el poema Casi nunca volvió a ser. Miguel Ríos, por su lado, dijo que la de anoche era una velada que González no habría querido perderse antes Primera evocación.

Luego llegó uno de los momentos más intensos cuando subieron al escenario Luis García Montero y Susana Rivera, la viuda del poeta. "Al hablar de Ángel, me viene a la mente que hay gentes de muertes imposibles, gente que se queda con nosotros, que nos llevan a su mundo allá donde estén. Un poeta romántico escribió tras la muerte de su hijo que él ahora vivía en dos mundos, en el de los vivos y en el de su hijo. En literatura también sucede eso: cuando leemos, pertenemos a nuestro mundo y al mundo del escritor. Yo ahora mismo estoy en el mundo de los vivos, en el de Ángel González, esté donde esté, y en el de su poesía", dijo antes de recitar Me basta así. Rivera dijo: "Ángel ya no está aquí físicamente, pero la maravilla que él era sigue estando y se refleja en sus amigos". Después de leer Muerte en el olvido, recibió una tremenda ovación.

El cantautor Enrique Moratalla, acompañado de Vicente Coves, interpretó su versión musical del poema Siempre que lo quieras, mientras el cantaor Juan Pinilla interpretó con aires de alegrías de Cádiz algunos de los poemas cortos de Ángel González.

Cerró el homenaje Enrique Morente de un modo exquisito. El cantaor comenzó recitando suave, lentamente el poema Otro tiempo vendrá, para, en el último verso, arrancarse con un quejío que entusiasmó al público. Luego se apagaron las luces y resonó la voz de Ángel González llenando el auditorio de emoción. El poeta habría disfrutado de ese momento con un vaso corto de whisky.

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