Encuentro excepcional con la lírica granadina

Programa: Obras de Vincenzo Bellini, Giuseppe Verdi, Charles Gounod, Franz Halévy, Gioachino Rossini, Gaetano Donizetti, Tomás Bretón, Carlos Guastavino, Isaac Albéniz, Manuel Ortega, Fernando Obradors y Enrique Lacárcel. Cantantes de Juventudes Musicales: Carmen Checa (soprano), Celia Galán (soprano), Francisco Crespo (bajo), Pablo Gálvez (barítono), Enrique Lacárcel (tenor), Juan de Dios Mateos (tenor). Pianista: Héctor Eliel Márquez. Lugar: Auditorio de la Caja Rural de Granada. Fecha: 21 de enero de 2012.

Granada pudo asistir el sábado a un recital en el que se escucharon algunas voces que constituyen una verdadera promesa para la lírica internacional. Juventudes Musicales, en colaboración con la profesora Coral Morales, organizó un recital en el que cantaron las sopranos Carmen Checa y Celia Galán, los tenores Enrique Lacárcel y Juan de Dios Mateos, el barítono Pablo Gálvez y el bajo Francisco Crespo. Juntos ofrecieron casi dos horas de música en las que cautivaron con arias de ópera y canciones en español de un selecto elenco de compositores.

El público granadino, no muy dado a los excesos, siempre ha valorado las cualidades vocales de los cantantes que esta tierra ha visto nacer. Los casos de José Zapata y Mariola Cantarero son, quizás, los más destacados de los últimos tiempos, y ver hoy a estos artistas triunfando en el panorama internacional debe ser un aliciente para otros cantantes que todavía no han dado el gran paso, pero que sin duda tienen capacidades para hacerlo. Una voz que puede muy pronto encontrarse al mismo nivel es la del bajo Francisco Crespo, quien en los últimos años ha demostrado una evolución tímbrica y un desarrollo técnico digno de ser reseñados. La calidez de su timbre, rico en armónicos en todos los registros, unida a su soltura interpretativa, nos llevan a augurarle un futuro muy prometedor. En sus dos intervenciones dejó boquiabiertos a todos los asistentes. En primer lugar interpretó la compleja aria Si la rigueur de la ópera La juive de Jaques Fromental Halévy, una pieza poco conocida que exige un desarrollo vocal amplio y un buen dominio de la respiración; el aria no supuso un reto para la madurez vocal de Francisco Crespo, que llenó el escenario desde el primer momento con una voz llena de color y con una articulación magnífica.

También interpretó las Tres rimas de Bécquer, estreno absoluto compuesto por el cantante Enrique Lacárcel; para ello ha escogido las rimas XIII, XXX y LII de Gustavo Adolfo Bécquer y ha construido un tríptico que bebe en las fuentes del romanticismo vocal con enorme efectividad. La realización musical comprende un discurso muy textual que refuerza el contenido semántico de las rimas, y que se completa a la perfección con un desarrollo pianístico amplio muy cercano a la literatura chopiniana. A nivel interpretativo Francisco Crespo, arropado por Héctor Eliel Márquez al piano, dio vida al tríptico con fuerza y expresividad, mostrando su versatilidad y calidad.

Enrique Lacárcel, esta vez como tenor, interpretó la escena "Caro elisis! Sei mio!" de la ópera L'elisir d'amore, demostrando su desparpajo escénico y calidad vocal en una de las escenas más conocidas de las óperas de Donizetti. Contó como pareja en el dúo con la soprano Celia García, y ambos realizaron un trabajo destacable tanto por su musicalidad como por la belleza de las líneas melódicas. Por separado, el tenor interpretó la canción A ver mis horas de fiebre de Tomás Bretón y la soprano la canción La rosa y el sauce de Guastavino.

Otra voz excepcional fue la del barítono Pablo Gálvez, quien ya ha recibido varios reconocimientos a nivel nacional. De voz muy timbrada y una limpieza interpretativa destacable, afrontó sin dificultad el aria Sois immobile de Guillaume Tell de Rossini, y el Romance de la luna, luna en versión de Manuel Ortega, con el que demostró su enorme potencial vocal.

El programa se completó con las intervenciones de la soprano Carmen Checa, quien enamoró con su interpretación de El vito, y el tenor Juan de Dios Mateos, que realizó una muy correcta versión del aria Vanne, o rosa fortunata de Bellini.

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