Encuentros con la modernidad

La Orquesta Ciudad de Granada ofreció un concierto sinfónico que cerró el ciclo musical de los Encuentros Manuel de Falla. Bajo el título Diálogos con la música, la propuesta artística de este concierto está conectada con las diversas actividades que durante el mes de noviembre se han desarrollado en la ciudad. En concreto, se presentaron dos obras contemporáneas confrontadas con la música de Albéniz; y en la sombra, la música de Manuel de Falla, elemento inspirador del arte compositivo durante todo el siglo XX. Al frente de la formación estuvo la eficaz batuta de Jean-François Heisser.

El concierto se abrió con el estreno absoluto de Mélanges de Juan Cruz Guevara. Esta obra pretende ser un tributo a Manuel de Falla, al mismo tiempo que conecta con las tendencias más actuales en creación musical. Concebida en cuatro movimientos, Mélanges es una pieza de amplias miras tímbricas y armónicas. Su dialéctica busca la confrontación en varios niveles: contrastes entre las distintas familias instrumentales, entre los ritmos, o entre el desarrollo armónico de sus secciones. A la rica orquesta como instrumento colectivo se le enfrenta a su vez un quinteto de vientos solista. Así, en varios momentos la propuesta de los solistas es el elemento generador para el contexto sinfónico, mientras que en otras adquiere todo el protagonismo e inhibe al resto de la formación. En este universo de continuo cambio surgen elementos conductores, giros motívicos y referencias a los procedimientos compositivos de Falla que ayudan al oyente a encontrar un discurso coherente y bien estructurado.

El resultado global es una obra madura, de riqueza tímbrica y sonoridades sugerentes, que demanda no obstante del oyente un esfuerzo auditivo para poder extraer su verdadero significado y carácter innovador. Con Mélanges Cruz Guevara conecta la tradición contemporánea española con la modernidad imperante en el actual panorama internacional.

Siguiendo el estreno de Mélanges, se interpretaron tres números de la Suite Iberia de Isaac Albéniz. Esta colección de piezas, verdadero resumen del sentir de un Albéniz ya maduro por la música tradicional de su nación, estuvo representada con la interpretación pianística de El Albaicín, El Polo y Lavapiés. El director dejó la batuta para sentarse al piano y ofrecer estas tres piezas en una interpretación de carácter contenido y perfección técnica, aunque falta de emotividad.

La segunda parte se inició con otro ejemplo del lenguaje compositivo más actual: Ariadna de Francisco Guerrero. Con este paisaje sonoro para cuerdas el autor demuestra su riqueza tímbrica a través de una breve partitura en la que, más allá de la estructura, prima la calidad del sonido por sí. Las cuerdas de la OCG pusieron con eficiencia la obra en atriles, bajo el gesto preciso de Heisser.

El concierto se cerró con otros tres números de Iberia, esta vez en versión orquestal. Enriquecidas con la mayor variedad de planos sonoros y de colores que infundió a su orquestación Jesús Rueda, estas tres piezas pusieron el punto final a un concierto a caballo entre el nacionalismo y la vanguardia.

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