Escucha y luego baila...

Alegranza concita el interés mediático -siempre relativo, se entiende- y recibe todos los parabienes que no cosechó el desapercibido Folías. ¿Es para tanto? Sí, y no sólo porque el imaginitavo despliegue de tonalidades sonoras proyectado por Pablo Díaz-Reixa en su segundo trabajo resulte casi inédito en España -samples de procedencia dispar, alrededor del mundo, que convergen en una suerte de pop reiterativo, arrollador, ahora bossa, luego afrobeat- sino porque en sí mismo representa una gozosa experiencia de escucha y una inevitable invitación al movimiento.

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