España y Rusia: amor a primera vista

  • El Ballet del Teatro Bolshoi saca a escena las coreografías más emblemáticas de Diaghilev en el centenario de su primera visita a España.

La noche del viernes, mientras en el Carlos V retumbaba la Patética de Chaikovski con la BBC Philharmonic, un poco más abajo, en el Auditorio del Generalife, sonaba también rotunda la voz de Sergei Filin en el último ensayo del Ballet del Bolshoi. Después de una larga temporada en su sede moscovita, los artistas se preparaban para el último esfuerzo de hacer un viaje en el tiempo de cien años para conmemorar la llegada a España de los ballets rusos de Serguéi Diaghilev, que también estuvo personalmente en Granada en 1906 invitado por Manuel de Falla. Ivan Vasiliev, Igor Kolb, Artem Ovcharenko, Semyon Chudin, Marianna Ryzkhina o Andrei Merkuriev fueron las estrellas que bajaron al Generalife procedentes de constelaciones como el Bolshoi, el Marinski de San Petersburgo o la Ópera Nacional de Bucarest, bajo la dirección artística de Sergei Filin y un programa de gran exigencia con el Apollon musagète, de Balanchine, Petrushka o El Pájaro de Fuego de Fokine; La bella durmiente de Sergeyev; La sílfide de Bounonville; o Classical Symphony de Yuri Possokov para terminar. Todo un ejercicio de versatilidad por parte de los artistas, que dejaron claro la perfección técnica que es una de las grandes señas de identidad en los países del este.

La velada, patrocinada por Ferring, demostró que, aunque el hombre llegue a Marte, el Festival de Música y Danza tendrá que seguir programando noches en los que los tutús sean los protagonistas.

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