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  • Gopegui se pregunta en su nuevo libro por las posibilidades de sobrevivir como individuos pensantes en una sociedad hiperconectada y sobreinformada

La escritora Belén Gopegui (Madrid, 1963). La escritora Belén Gopegui (Madrid, 1963).

La escritora Belén Gopegui (Madrid, 1963). / álex gallegos

Belén Gopegui nos plantea en su última novela, Quédate este día y esta noche conmigo, una situación poco probable, aunque perfectamente posible: que alguno de nosotros se decidiese a escribir una larga carta al buscador de buscadores, Google, para expresarle nuestra opinión sobre su papel en el mundo actual y, de paso, solicitarle empleo. Es justo lo que hace la extraña pareja protagonista del libro, formada por Mateo y Olga. A ambos los separan 40 años y una forma matizadamente diferente de explicarse qué está pasando a su alrededor, pero ambos están unidos por su inquebrantable espíritu crítico y su deseo de intervenir, aunque sea mínimamente y un poco a la desesperada, en el aparentemente inevitable devenir de los acontecimientos. No nos enfrentamos a una fábula moral ni a un alegato redentor, la autora reflexiona sobre aspectos significativos de nuestra vida cotidiana desde una perspectiva que no parece interesar a los encargados de tomar decisiones que, sin embargo, a todos nos afectan irremediablemente.

Mateo y Olga están sinceramente interesados en la inteligencia artificial y este es el punto de conexión que dispara el inicio de una amistad que nace en una biblioteca y que se consolida frente a dos cañas de cerveza en un oscuro bar de barrio cuya elección constituye una decisión, "en cierto modo, política". Pese a la evidente diferencia de edad, ambos se encuentran en un proceso de búsqueda, al inicio de un viaje discursivo y vital que les llevará a finales divergentes. Por el camino, hablan y discuten, se van conociendo y van aprendiendo a respetarse y a quererse. Su obsesión por los robots se convierte en una experiencia de reflexión metafísica que les incumbe personalmente y con la que tratan de explicarse el verdadero sentido de la vida humana.

La novela toma la forma de una carta sui géneris dirigida a una de las personas encargadas de los procesos de selección de personal en Google. El objetivo es que Mateo encuentre empleo en la compañía -ya lo ha intentado antes sin éxito-, pero esta meta inicial se convierte en una mera excusa para que ambos personajes planteen sus inquietudes sobre el sentido de la vida, el amor, la libertad y la capacidad (o no) de intervenir sobre el propio destino. "No quiero chips en mi cafetera ni webs que registren mi nivel de estrés, quiero que funcionen unas pocas cosas importantes", dice Mateo en un momento de la narración, y con esta sencilla afirmación toma el pulso y establece un certero diagnóstico de esas personas que aún se resisten a estar continuamente conectadas y geolocalizadas o que, sencillamente, no lo están porque sus vidas son consideradas escasamente relevantes.

La autora no tiene miedo de montar un discurso narrativo denso sustentado en diálogos en los que se abordan aspectos trascendentales de la existencia humana y que, sin embargo, no están exentos de ironía y de un fino sentido del humor tan "necesario para resistir". Como comenta Olga en uno de sus parlamentos, el hombre es "una máquina narrativa", su necesidad de contar y contarse, de encontrar quien le escuche y quien lo entienda es insoslayable. Por eso en esta novela se habla mucho de los propios sentimientos, pero también de las relaciones que establecemos con los otros y con las máquinas con las que interactuamos diariamente.

Gopegui indaga sobre las posibilidades de sobrevivir como individuos pensantes en una sociedad hiperconectada y sobreinformada y, sin embargo, profundamente injusta. Google se convierte en el símbolo de estos nuevos tiempos, en los que el éxito se mide por el lugar que se ocupa en los resultados de las búsquedas en internet, y de una nueva sociedad en la que los valores se diluyen y la esperanza de vivir honesta y dignamente es cada vez más complicada. En esta sociedad, en la que se exaltan los beneficios de la red y de la inteligencia colectiva, existe un buen número de individuos cuyas pequeñas historias cotidianas apenas cuentan. Entre ellos están los dos protagonistas de la novela y sus familias, amigos y vecinos. Gente corriente que lucha diariamente por seguir adelante.

Con Quédate este día y esta noche conmigo, Belén Gopegui emprende un camino valiente que se aparta de los cánones narrativos al uso al optar por un punto de vista -la carta, que constituye todo el relato, y el informe que sobre ella hace la persona que la recibe en Google- que puede resultar singular y sorprendente, pero que no es más que una forma de poner distancia entre lo que los personajes cuentan y el verdadero efecto que la historia puede generar en un lector atento y decidido a tomar partido.

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